Insumos agrícolas

Colombia termina otro ciclo dependiendo de fertilizantes importados y crece la preocupación

El Gobierno de Gustavo Petro no logró impulsar la producción local de fertilizantes durante su mandato. La dependencia externa persiste y deja al agro expuesto a las crisis internacionales y al aumento de costos.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Al cierre del mandato de Gustavo Petro, Colombia continúa dependiendo de los fertilizantes importados para abastecer a su sector agropecuario. La meta de impulsar una mayor producción nacional durante el período 2022-2026 no se concretó y el país mantiene una fuerte exposición a las variaciones de precios y a las interrupciones del comercio internacional, una situación que volvió a quedar en evidencia este año con el fuerte aumento de la urea en los mercados globales.

Reducir la dependencia externa de estos insumos había sido uno de los objetivos planteados por el Gobierno para fortalecer la seguridad productiva y disminuir los costos que enfrentan los agricultores. Sin embargo, el desarrollo de una industria local capaz de abastecer una parte importante de la demanda nunca llegó a consolidarse.

Un análisis difundido por la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) sostiene que distintos factores limitaron ese proceso. Entre ellos menciona la menor disponibilidad de materias primas para fabricar fertilizantes nitrogenados, la ausencia de condiciones que incentivaran nuevas inversiones industriales, una mayor carga tributaria y elevados costos logísticos, elementos que redujeron la competitividad frente a los productos importados.

La dependencia externa volvió a sentirse en los costos de producción

La falta de una mayor oferta nacional quedó reflejada con fuerza durante 2026. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y las dificultades para el transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz provocaron un fuerte incremento en el precio internacional de la urea, uno de los fertilizantes más utilizados por la agricultura.

En pocas semanas, las cotizaciones superaron los 530 dólares por tonelada, con aumentos superiores al 50% respecto de los valores registrados un mes antes.

Para Colombia, donde la mayor parte de los fertilizantes proviene del exterior, ese escenario tuvo un impacto directo sobre los costos de producción agrícola. Los productores quedaron expuestos a una suba que no dependía de factores internos, sino de acontecimientos ocurridos en mercados internacionales estratégicos para el suministro de insumos.

Según recordó el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Jorge Enrique Bedoya Vizcaya, el país importa anualmente más de 2,4 millones de toneladas de fertilizantes, volumen que evidencia el alto grado de dependencia del abastecimiento externo.

El desafío de construir una mayor capacidad productiva

El debate sobre la producción local de fertilizantes volvió a instalarse entre las organizaciones del sector agropecuario, que consideran necesario fortalecer la capacidad industrial del país para reducir la vulnerabilidad frente a episodios de volatilidad internacional.

Desde Fedegán señalaron que una mayor producción nacional permitiría amortiguar parte de las oscilaciones de precios, ofrecer mayor previsibilidad a los productores y mejorar la competitividad de la agricultura colombiana.

Los fertilizantes representan uno de los principales componentes del costo de producción de numerosos cultivos y de las pasturas destinadas a la ganadería. Cada incremento en sus precios repercute sobre la rentabilidad de las explotaciones y, en muchos casos, condiciona las decisiones de siembra y el nivel de aplicación de nutrientes.

Con el cierre del período 2022-2026, la dependencia de las importaciones permanece prácticamente sin cambios, mientras el sector agropecuario continúa siguiendo de cerca la evolución de los mercados internacionales, donde los conflictos geopolíticos, las restricciones logísticas y las variaciones en el precio de la energía siguen marcando el comportamiento de uno de los insumos más importantes para la producción de alimentos.

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