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El agro colombiano entra en una elección decisiva: dos modelos opuestos llegan al balotaje

La segunda vuelta enfrentará dos modelos opuestos para el agro colombiano: expansión productiva o reforma agraria con fuerte intervención estatal.

María Fernanda Solís
Periodista agroalimentaria especializada en comercio regional, sostenibilidad, logística y tendencias globales del sector agroindustrial.

Colombia entró oficialmente en una nueva etapa política este domingo 31 de mayo luego de que Abelardo De la Espriella e Iván Cepeda avanzaran a la segunda vuelta presidencial prevista para el próximo 21 de junio. Ninguno de los candidatos logró superar el 50% de los votos y ahora el país deberá elegir entre dos proyectos con profundas diferencias en materia económica, seguridad, inversión y desarrollo rural. Para el sector agropecuario, el resultado es especialmente relevante porque ambos candidatos proponen transformaciones que podrían modificar el rumbo de la producción, las exportaciones, la propiedad de la tierra y la competitividad del campo colombiano durante los próximos años.

La sorpresa de la jornada la protagonizó Abelardo De la Espriella, quien se consolidó como el candidato más votado con el 43,74% de los sufragios, superando al senador de izquierda Iván Cepeda, que alcanzó el 40,9%. El escenario dejó planteada una disputa que trasciende la política tradicional y que tendrá un fuerte impacto sobre uno de los motores económicos más importantes del país: el agro.

La campaña de Abelardo De la Espriella se apoya en una visión orientada al crecimiento económico, la inversión privada y la expansión productiva. Dentro de sus propuestas para el sector rural sobresale el objetivo de incorporar dos millones de nuevas hectáreas de producción agrícola entre 2026 y 2030, además de generar más de 600.000 empleos rurales.

El candidato también impulsa una mayor articulación entre el sector agropecuario, las empresas privadas y los mercados internacionales. Su estrategia apunta a incrementar la productividad, atraer inversiones y fortalecer la capacidad exportadora del país.

Otro de los puntos que genera atención en el sector es su propuesta de combatir con mayor agresividad los cultivos ilegales mediante fumigación aérea y otras herramientas de control, una medida que podría modificar significativamente el uso del suelo en distintas regiones agrícolas.

Desde el punto de vista económico, De la Espriella propone reducciones tributarias para empresas, simplificación regulatoria y estímulos a la inversión privada, aspectos que son observados con interés por productores, exportadores y agroindustrias.

Por el otro lado, Iván Cepeda propone profundizar la agenda impulsada por el actual gobierno de Gustavo Petro, con una fuerte apuesta a la transformación rural mediante políticas de redistribución y formalización de tierras.

Su programa plantea convertir a Colombia en una potencia agroalimentaria, apoyándose en una reforma agraria más profunda, el fortalecimiento de la infraestructura rural y una mayor presencia del Estado en los territorios productivos.

Entre las iniciativas más destacadas figura la construcción de 30.000 kilómetros de vías terciarias, una demanda histórica del agro colombiano debido a los elevados costos logísticos que enfrenta gran parte de la producción nacional.

Cepeda también propone continuar los programas de entrega de tierras y fortalecer la gestión pública de recursos estratégicos como el agua, un aspecto cada vez más importante frente a los desafíos climáticos que enfrenta la agricultura.

Para los productores, la elección presenta dos caminos claramente diferenciados. Mientras De la Espriella apuesta por un modelo basado en la expansión de la producción, la inversión privada y la generación de nuevos negocios agroindustriales, Cepeda propone una estrategia apoyada en la reforma rural, la infraestructura pública y una mayor intervención estatal en el desarrollo territorial.

La decisión final tendrá implicancias que van mucho más allá de Colombia. El país es uno de los principales productores agrícolas de América Latina y ocupa posiciones estratégicas en mercados como café, flores, banano, aceite de palma, azúcar, cacao y diversos productos hortofrutícolas destinados a exportación.

Por eso, el resultado de la segunda vuelta también será seguido de cerca por inversores, exportadores y empresas vinculadas al comercio agrícola regional.

La campaña que comienza ahora estará marcada por una pregunta central para el sector agropecuario: ¿debe Colombia priorizar la expansión productiva y la inversión privada o profundizar la transformación agraria impulsada por el Estado?

La respuesta llegará el próximo 21 de junio, pero el mensaje que dejó la primera vuelta ya es claro: el futuro del campo colombiano será uno de los principales temas en disputa durante las próximas semanas.

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