Paraguay

UE-Mercosur: el acuerdo comercial más grande del mundo y el desafío paraguayo

Tras más de 25 años de negociaciones, la Unión Europea y el Mercosur avanzan hacia la firma de un acuerdo histórico que pone a Paraguay ante una prueba de competitividad global.

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Después de más de un cuarto de siglo de negociaciones, la Unión Europea dio luz verde a la firma de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, considerado el más grande del mundo por volumen, al integrar un mercado de más de 700 millones de habitantes. Para Paraguay, el pacto representa una ventana estratégica que combina acceso preferencial, mayores exigencias y un test competitivo a escala regulatoria e institucional.

El acuerdo prevé la eliminación de aranceles en cerca del 90 % del comercio bilateral, junto con compromisos regulatorios en servicios, inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, normas sanitarias, medidas ambientales, clima, subsidios, reglas de origen y competencia. No se trata solo de ampliar mercados: el entendimiento eleva el estándar del comercio, tensiona barreras no arancelarias y empuja a los países del Mercosur hacia una agenda de modernización productiva, logística e institucional.

Paraguay frente a una oportunidad exigente

Para Paraguay, el acceso preferencial a uno de los mercados más sofisticados del mundo abre oportunidades claras para bienes agroindustriales y servicios, pero también exige convergencia sanitaria, trazabilidad, sostenibilidad ambiental y cumplimiento regulatorio.

El excanciller Eladio Loizaga subrayó el valor estratégico del acuerdo para la inserción internacional del país. "Estamos entrando a un mercado de casi 400 millones de personas", afirmó, remarcando que una negociación aislada hubiera sido prácticamente inviable. También recordó que durante el proceso se lograron accesos concretos para rubros paraguayos que antes no estaban habilitados, aunque aclaró que los beneficios serán graduales y no inmediatos.

Integración, competitividad e inversiones

Desde una mirada económica más amplia, Hugo Royg señaló que el acuerdo debe interpretarse dentro de una tendencia histórica hacia la integración. "El futuro del mundo es la integración. Ya no se trata solo de exportar lo que sobra o importar lo que falta, sino de participar en cadenas intraindustriales", explicó.

El economista anticipó que la apertura al mercado europeo obligará a las empresas locales a sofisticarse, elevar estándares y ganar eficiencia, con un impacto positivo en la competitividad. En ese contexto, proyectó también un mayor flujo de inversiones, siguiendo una dinámica conocida: primero comercio, luego industrias complementarias y, finalmente, capital en volumen.

Si bien el impacto inicial se concentrará en alimentos y agroindustria, Royg remarcó que el verdadero cambio llegará cuando los sectores manufactureros e industriales comiencen a competir bajo estándares europeos. Allí, el principal desafío es interno: logística, infraestructura e información. "Paraguay es uno de los países más caros para comerciar en la región. Hay que invertir en transporte, reducir burocracia y eliminar barreras", advirtió.

La agroindustria, entre expectativas y cautela

Desde el sector agroindustrial, la lectura es más prudente. Hugo Pastore, director de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), reconoció la relevancia del acuerdo, pero cuestionó la incorporación de salvaguardas europeas que no formaron parte del espíritu original de la negociación.

La UE estableció un mecanismo de monitoreo y respuesta rápida que permite suspender temporalmente preferencias arancelarias si las importaciones desde el Mercosur de productos considerados "sensibles" -como azúcar, etanol, arroz, carne bovina y avícola, huevos o cítricos- presionan los precios internos por debajo de ciertos umbrales. "No se puede otorgar preferencias y después retirarlas si suben los volúmenes o bajan los precios. Eso no fue acordado", cuestionó Pastore.

Si bien destacó el potencial de la carne y recordó que la harina de soja paraguaya ya abastece parte de la producción europea de aves y cerdos, advirtió que sin previsibilidad no habrá incentivos para invertir en certificaciones y trazabilidad.

Un camino que recién empieza

Pese al avance diplomático, el acuerdo aún debe superar etapas clave antes de entrar en vigor. Tras la aprobación del Consejo de la Unión Europea, la firma formal está prevista para el 17 de enero en Asunción, con la participación de cancilleres del Mercosur y representantes europeos. Luego comenzará el proceso de ratificación parlamentaria en ambos bloques y, finalmente, la implementación, que será gradual y con períodos de transición sectoriales.

Para Paraguay, la firma no es el punto de llegada sino el inicio de un nuevo capítulo. Recuperar información técnica tras años de negociación, mejorar infraestructura y logística, reducir costos de comercio exterior y diversificar la matriz productiva aparecen como desafíos centrales. En un mercado más amplio y exigente, la consigna es clara: ya no alcanza con vender, hay que cumplir estándares.

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