El acuerdo UE-Mercosur vuelve a trabarse: presión de agricultores y veto político ponen en duda su firma
Francia pidió frenar el proceso y crecen las protestas del sector agropecuario en Bruselas, a días de una firma que parecía inminente.
El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, negociado durante más de 25 años, vuelve a quedar en suspenso en su tramo final. La oposición de Francia, sumada a la presión de los agricultores europeos, amenaza con congelar una iniciativa que debía cerrarse antes de fin de año y que involucra a un mercado de 780 millones de personas.
A pocos días de la fecha prevista para la firma, el gobierno francés pidió postergar el proceso, argumentando que no están dadas las condiciones políticas ni técnicas para avanzar. El primer ministro Sébastien Lecornu calificó el acuerdo actual como "inaceptable" y solicitó un aplazamiento que podría empujar cualquier definición hacia 2026 o más adelante.
El pacto contempla la eliminación progresiva de aranceles sobre casi todos los bienes comercializados entre la UE y los países del Mercosur -Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia- en un plazo de 15 años. Sin embargo, aunque el texto fue acordado a nivel técnico hace un año, aún requiere la ratificación de los 27 Estados miembros de la UE y del Parlamento Europeo.
La situación se tensó aún más con la movilización de agricultores en Bruselas, que temen una mayor competencia de productos sudamericanos. Los productores europeos advierten que el acuerdo podría desplazar a la producción local, especialmente en sectores sensibles como carne bovina, lácteos y granos, al permitir el ingreso de alimentos producidos bajo regulaciones sanitarias y ambientales menos estrictas.
Además de Francia, Polonia, Austria y los Países Bajos expresaron reparos similares. El punto central del conflicto es la falta de garantías de que los exportadores del Mercosur adopten las llamadas "reglas espejo", es decir, los mismos estándares laborales, ambientales y fitosanitarios que rigen dentro de la UE.
Desde Bruselas, algunos analistas señalan que este bloqueo expone las limitaciones políticas y geopolíticas del bloque europeo. Para Alicia García-Herrero, investigadora del Instituto Bruegel, un nuevo retraso dañaría la credibilidad comercial de la UE, no solo frente a Mercosur, sino también en negociaciones en curso con países como India e Indonesia.
El contexto internacional suma presión. Tras la reciente escalada arancelaria de Estados Unidos, la Unión Europea busca diversificar sus socios comerciales para reducir su dependencia de Washington y de China. En ese marco, el acuerdo con Mercosur es visto por la Comisión Europea como una pieza estratégica.
"El acuerdo une a dos de los mayores bloques comerciales del mundo y crea una plataforma basada en reglas y confianza en un momento de alta incertidumbre geopolítica", afirmó el vocero de la Comisión Europea, Olof Gill, quien insistió en que Bruselas intentará cerrar la firma antes de fin de año.
La agricultura está en el centro del debate. En 2024, la UE exportó 235.400 millones de euros en productos agroalimentarios, un sector clave tanto económica como políticamente. Los defensores del acuerdo estiman que permitiría ahorros por más de US$4.200 millones anuales en aranceles, además de facilitar exportaciones europeas como vino, quesos y aceite de oliva, y el ingreso de productos del Mercosur como soja, carne y minerales estratégicos.
Para contener el malestar rural, la Comisión Europea anunció nuevas salvaguardas, entre ellas mecanismos que permiten investigar importaciones si los precios son al menos 10% inferiores a los de productos europeos equivalentes, además de mayores controles fronterizos sobre residuos de pesticidas prohibidos en la UE.
Sin embargo, estas medidas no lograron calmar a los agricultores, que ya anunciaron nuevas protestas coincidiendo con la reunión del Consejo Europeo de esta semana. El riesgo político es alto: el descontento rural fue uno de los factores que impulsó el avance de fuerzas de derecha y extrema derecha en las elecciones europeas de 2024.
Así, el acuerdo UE-Mercosur, clave para el comercio agroindustrial sudamericano, vuelve a quedar atrapado entre la política interna europea, la presión del campo y las tensiones geopolíticas, con un desenlace que hoy aparece más incierto que nunca.

