Perú

Arancel de EE.UU. presiona márgenes de la agroexportación peruana

El gravamen global de 10% aplicado por Estados Unidos impacta envíos peruanos por más de US$10.200 millones. Agroindustria, textiles y joyería enfrentan menor margen y mayor incertidumbre.

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Desde el martes 24 de febrero, Estados Unidos comenzó a aplicar un arancel global de 10% a todas las importaciones, medida que se mantiene vigente por 150 días pese al fallo de la Corte Suprema estadounidense que declaró ilegales partes del esquema arancelario impulsado por la administración de Donald Trump el año pasado. Además, la Casa Blanca no descarta elevar la tasa al 15%, lo que incrementaría aún más la presión sobre los exportadores.

Para el Perú, el impacto no se traduce automáticamente en pérdida de mercado, pero sí en una compresión de márgenes de ganancia. En 2025, las exportaciones peruanas hacia EE.UU. alcanzaron US$10.148 millones, un crecimiento de 6,4% respecto al año previo, y representaron el 11,3% del total exportado. El nuevo escenario abre un período de negociación y ajustes comerciales.

Entre los principales productos enviados al mercado estadounidense destacan arándanos frescos (US$1.179 millones), uvas frescas (US$1.009 millones), oro en bruto (US$779 millones), café en grano (US$596 millones) y cátodos de cobre (US$555 millones). En conjunto, estos rubros explican una parte sustancial del comercio bilateral.

La clave técnica está en cómo se aplica el arancel. Si el 10% sustituye tasas previas, el impacto sería acotado. Pero si opera como una sobretasa adicional, la carga arancelaria podría escalar significativamente. Un producto que pagaba 6% podría pasar a 16%, y uno que tributaba 11% podría elevarse a 21%. En caso de concretarse el aumento al 15%, la carga sería 50% mayor respecto al nivel actual, con efecto directo en rentabilidad e inversión.

El sector más expuesto es la agroindustria, que en 2025 exportó a Estados Unidos más de US$4.371 millones. Productos como palta, arándanos, uvas y espárragos son altamente sensibles al precio y dependen de negociaciones con grandes retailers y distribuidores. Si bien el arancel es uniforme para todos los países, lo que evita una pérdida inmediata de competitividad relativa, los compradores podrían exigir que parte del costo sea absorbido por el proveedor para mantener precios finales atractivos.

En este punto, Perú conserva una ventaja estructural: la estacionalidad productiva. Al estar en el hemisferio sur, abastece fruta fresca cuando el hemisferio norte enfrenta invierno y menor producción local. Esa ventana comercial otorga mayor capacidad de negociación en determinados períodos del año.

En manufacturas, el panorama es distinto. Con un arancel global uniforme, desaparece la ventaja comparativa que Perú tenía frente a países asiáticos con recargos más elevados. La joyería, que destina más del 80% de sus exportaciones al mercado estadounidense, aparece entre los rubros más concentrados y expuestos a cambios abruptos en condiciones de acceso.

Aunque Estados Unidos representa alrededor del 11% al 13% de las exportaciones totales del Perú, su peso es mayor en productos no tradicionales y en segmentos de alto valor agregado. La posibilidad de redirigir envíos hacia otros destinos existe, pero no es inmediata. Cambiar de mercado implica certificaciones, ajustes logísticos y reconfiguración de cadenas de distribución que demandan tiempo y recursos.

Experiencias previas muestran que los exportadores optaron por mantener volumen sacrificando margen, absorbiendo parte del arancel y renegociando condiciones comerciales. El resultado fue estabilidad en volúmenes, pero menor rentabilidad.

Más allá del impacto cuantitativo, el mayor desafío es la incertidumbre. Las modificaciones arancelarias afectan decisiones de inversión, contratos de largo plazo y planificación productiva. Además, una mayor carga podría trasladarse parcialmente al consumidor estadounidense, elevando precios finales y afectando demanda.

El análisis, coinciden especialistas, deberá hacerse producto por producto y competidor por competidor. La posición relativa frente a México, Chile o Colombia será determinante para evaluar si el Perú pierde o mantiene espacio en cada rubro.

El comercio bilateral no enfrenta un quiebre estructural, pero sí una etapa de mayor presión y negociación. En un entorno global volátil, la competitividad dependerá de eficiencia, diferenciación y diversificación de destinos para sostener el dinamismo exportador.

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