Aranceles del 100% frenan el comercio entre Ecuador y Colombia
Las nuevas barreras comerciales entre ambos países reducen el flujo en la frontera y generan impacto directo en empleo, logística y abastecimiento regional.
El comercio entre Ecuador y Colombia registró una fuerte caída desde la entrada en vigor de nuevos aranceles, impulsados por los gobiernos de Daniel Noboa y Gustavo Petro. La medida, aplicada en los últimos días, incluye un arancel del 100% por parte de Ecuador y tarifas diferenciadas de hasta 75% desde Colombia, lo que ya se refleja en una drástica reducción del tránsito de mercancías en la frontera. El impacto no es menor: sectores logísticos, comerciales y productivos comienzan a resentir la parálisis, en una zona donde el intercambio era uno de los principales motores económicos.
El gobierno ecuatoriano sostiene que estos aranceles -definidos como una "tasa de seguridad"- permitieron revertir el saldo comercial con Colombia, alcanzando un superávit de 62,9 millones de dólares entre febrero y marzo, frente a un déficit de 146 millones en el mismo período del año anterior. Sin embargo, la mejora en las cifras macroeconómicas contrasta con la situación en terreno, donde el flujo comercial prácticamente se detuvo.
La reacción de Colombia fue inmediata. La administración de Petro estableció aranceles de 35%, 50% y 75% sobre cerca de 190 productos ecuatorianos, con carácter temporal hasta que Quito retire su medida. Desde el gobierno colombiano aseguran que se trata de una respuesta diseñada para contener el impacto interno, aunque reconocen que las consecuencias ya se extienden sobre sectores clave.
En la frontera, los efectos son visibles. En el paso internacional de Rumichaca, que conecta ambos países, el movimiento cayó a niveles mínimos. Donde habitualmente se acumulaban hasta 150 camiones en espera, hoy apenas circulan unos pocos vehículos. Transportistas y operadores logísticos advierten que el comercio se está paralizando, afectando tanto a exportadores como a importadores.
La frontera pierde actividad y crece el riesgo de informalidad
Referentes empresariales de ambos países coinciden en que la situación empieza a trasladarse al empleo. Empresas de transporte, comercio y servicios vinculados al intercambio bilateral ya registran caídas en la actividad, mientras crece la preocupación por la pérdida de ingresos en zonas fronterizas.
Desde Ecuador, representantes del sector transporte alertan que la reducción del movimiento de mercadería puede derivar en un aumento del contrabando, impulsado por la falta de alternativas económicas. Del lado colombiano, cámaras de comercio advierten que las exportaciones hacia Ecuador quedaron prácticamente detenidas, afectando a empresas que dependen del intercambio cotidiano.
El conflicto comercial también se extiende a otros sectores estratégicos. Colombia suspendió la venta de energía eléctrica a Ecuador, un suministro clave durante períodos de sequía. A su vez, el mercado ecuatoriano depende de importaciones colombianas en rubros sensibles como medicamentos y agroquímicos, lo que podría tensionar el abastecimiento en el corto plazo.
En el plano político, Noboa justificó las medidas señalando que Colombia no actúa con suficiente firmeza frente al narcotráfico en la frontera común de más de 580 kilómetros, un argumento que fue rechazado por el gobierno colombiano. Mientras tanto, Bogotá desplegó 15.000 efectivos en zonas críticas para reforzar el control territorial.
La disputa escala en un momento donde la integración regional enfrenta desafíos crecientes. Más allá de los números de balanza comercial, la interrupción del flujo en la frontera deja al descubierto la dependencia mutua de ambos países, especialmente en economías locales que viven del intercambio diario.

