Aranceles y disputas comerciales reconfiguran la agricultura de México
Las tensiones comerciales con Estados Unidos, nuevos aranceles y restricciones sanitarias están obligando al sector agropecuario mexicano a cambiar cultivos, mercados y estrategias productivas.
La agricultura de México atraviesa un período de fuerte incertidumbre marcado por aranceles, disputas comerciales y cambios regulatorios que están modificando la relación histórica con Estados Unidos, su principal socio comercial. La integración productiva entre ambos países ha sido durante décadas una de las más estrechas del mundo, pero las medidas adoptadas desde 2025 comenzaron a alterar ese equilibrio.
Estados Unidos compra alrededor del 91 % de las exportaciones agroalimentarias mexicanas, mientras que México depende del mercado estadounidense para abastecerse de maíz, soja, carne, lácteos y otros insumos clave. Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), cerca de la mitad de las frutas y verduras frescas consumidas en ese país provienen de México, lo que refleja el alto grado de interdependencia.
Durante años, el comercio sin aranceles bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA) garantizó estabilidad. Sin embargo, esa previsibilidad comenzó a debilitarse cuando en febrero de 2025 el gobierno estadounidense anunció aranceles del 25 % a importaciones provenientes de México y Canadá, generando una rápida reacción del gobierno mexicano, que evaluó medidas de represalia.
Aunque gran parte del comercio continuó bajo las reglas del USMCA, los aranceles sectoriales tuvieron efectos significativos. Uno de los casos más sensibles fue el impuesto del 17 % al tomate mexicano, producto del cual México abastece cerca del 70 % del mercado estadounidense. La medida impactó con fuerza en regiones agrícolas como Sinaloa y Baja California, afectando no solo a productores, sino también a empacadoras, transportistas y trabajadores rurales.
El aumento de costos también alcanzó a los insumos. Fertilizantes, maquinaria y alimentos balanceados registraron subas que obligaron a muchos productores a reducir superficie, cambiar cultivos o optar por alternativas de menor costo, con el objetivo de mantener la rentabilidad.
La incertidumbre se profundizó en 2026 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos anuló parte de los aranceles aplicados bajo poderes de emergencia. La administración estadounidense respondió utilizando la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que permite aplicar tarifas temporales globales, lo que volvió a alterar las condiciones comerciales en pocos días.
Este escenario generó inestabilidad en contratos, envíos y financiamiento. Instituciones financieras redujeron el crédito al sector, frenando inversiones en almacenamiento, procesamiento y logística.
Los efectos se reflejaron rápidamente en las exportaciones. Entre enero y julio de 2025, las ventas agroalimentarias mexicanas alcanzaron 31.900 millones de dólares, un 4,4 % menos que el año anterior, según el Banco de México. El tomate cayó cerca de 18 %, mientras que también retrocedieron los envíos de granos, oleaginosas y productos pecuarios.
En el sector ganadero, la situación se complicó aún más cuando Estados Unidos suspendió la importación de bovinos mexicanos por la presencia del gusano barrenador del Nuevo Mundo, obligando a redirigir más de un millón de cabezas al mercado interno. Esto elevó la faena local y presionó a la baja los precios de la carne, reduciendo ingresos para los productores.
Ante este contexto, el gobierno mexicano aplicó aranceles selectivos para proteger su mercado interno, con tasas de hasta 210 % al azúcar importada fuera de acuerdos comerciales y tarifas elevadas para productos provenientes de países sin tratados de libre comercio. Mientras algunos sectores consideran necesarias estas medidas para proteger el empleo rural, otros advierten que pueden encarecer los alimentos y restar competitividad.
Al mismo tiempo, México busca reducir su dependencia de Estados Unidos. En 2026 avanzó en acuerdos con Canadá y la Unión Europea para ampliar el comercio de carne, frutas y hortalizas, aunque la proximidad geográfica y las cadenas logísticas existentes siguen haciendo del mercado estadounidense el destino más importante.
La revisión del USMCA prevista para 2026 agrega un nuevo factor de incertidumbre. Cambios en reglas comerciales, aranceles o mecanismos de resolución de disputas podrían afectar directamente la rentabilidad de los productores y la planificación de siembras, exportaciones y compras de insumos.
Para el campo mexicano, el desafío ya no es solo producir, sino adaptarse a un escenario de volatilidad permanente, donde la política comercial, las medidas sanitarias y los costos productivos definen cada vez más las decisiones agrícolas.

