Comercio

Aranceles en juego: República Dominicana busca cuidar un mercado clave en EE.UU.

Santo Domingo y Washington iniciaron conversaciones sobre su agenda comercial, con exportaciones e inversiones en el centro de una relación estratégica.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

República Dominicana abrió esta semana un diálogo formal con Estados Unidos sobre la agenda arancelaria bilateral, luego de una reunión entre el canciller dominicano, Víctor "Ito" Bisonó, y el representante comercial adjunto estadounidense, Jeffrey Goettman. Las conversaciones buscan revisar asuntos comerciales de interés común y cobran especial importancia para los sectores productivos del país por el peso que tiene el mercado estadounidense en las exportaciones dominicanas y por las condiciones de acceso que pueden incidir directamente sobre su competitividad.

El encuentro se desarrolló con participación de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) y permitió revisar temas prioritarios y establecer los próximos pasos del diálogo. Por el momento, no se informó un acuerdo arancelario concreto ni modificaciones específicas de tarifas, por lo que la instancia debe entenderse como el comienzo de una negociación y no como el anuncio de nuevas condiciones comerciales.

La relación tiene una dimensión difícil de ignorar para República Dominicana. Durante 2025, sus exportaciones totalizaron alrededor de US$ 14.645 millones y casi la mitad tuvo como destino Estados Unidos, según los datos difundidos por la Cancillería dominicana. Esa participación convierte cualquier cambio en las condiciones comerciales estadounidenses en un asunto relevante para empresas, productores y cadenas orientadas a la exportación.

El agro también tiene mucho en juego en la relación con Washington

El intercambio entre ambos países comprende manufacturas, dispositivos médicos, textiles y también productos agrícolas, buena parte de ellos vinculados a las condiciones comerciales establecidas bajo el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA).

Para el sector agropecuario, la discusión arancelaria puede resultar especialmente sensible porque el precio final de un producto exportado no depende únicamente de su costo de producción. Aranceles, requisitos de ingreso, logística y condiciones preferenciales pueden modificar su capacidad para competir frente a proveedores de otros orígenes.

La apertura del diálogo aparece así como una herramienta para preservar las condiciones de acceso al principal destino de las ventas dominicanas. Sin embargo, hasta que las partes comuniquen los temas específicos incluidos en la negociación, no corresponde anticipar qué productos agrícolas podrían verse beneficiados o afectados por una eventual modificación.

El interés también funciona en sentido contrario. Las conversaciones contemplan las condiciones para los productos estadounidenses que ingresan a República Dominicana, por lo que cualquier negociación deberá considerar los intereses comerciales de ambos países y los compromisos ya existentes dentro del DR-CAFTA.

Más de US$ 1.000 millones de inversión estadounidense

El vínculo económico tampoco termina en las exportaciones. De acuerdo con las cifras citadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano, la inversión directa proveniente de Estados Unidos alcanzó US$ 1.042,8 millones durante 2025, reforzando el peso de Washington como socio económico del país caribeño.

Para el Gobierno dominicano, atraer nuevos capitales y sostener la producción destinada a los mercados internacionales forman parte de la misma estrategia. El objetivo declarado es fortalecer los sectores productivos, generar oportunidades comerciales y preservar empleos asociados a actividades exportadoras.

Bisonó mantuvo durante las últimas semanas distintos contactos con funcionarios y legisladores estadounidenses como parte de esa agenda. Esos intercambios buscan construir respaldo político para una relación económica en la que comercio, inversión y acceso a mercados aparecen cada vez más conectados.

El resultado de las conversaciones será particularmente relevante por la elevada exposición dominicana al mercado estadounidense. Con casi uno de cada dos dólares exportados dirigido hacia Estados Unidos, cualquier modificación significativa de las condiciones arancelarias puede repercutir sobre la planificación de las empresas y sobre las decisiones de inversión de los sectores que producen para ese destino.

La negociación recién comienza y todavía no hay cambios concretos anunciados. El dato central, por ahora, es que Santo Domingo y Washington abrieron formalmente una mesa para discutir las condiciones de una relación comercial que mueve miles de millones de dólares al año, y cuyo resultado tendrá especial interés para las cadenas productivas dominicanas que dependen del mercado estadounidense.

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