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Bayer pierde miles de millones: la compra de Monsanto que cambió para siempre las reglas de las fusiones

La adquisición de Monsanto por USD 62.000 millones prometía crear un gigante agrícola global, pero terminó convirtiéndose en uno de los mayores casos de destrucción de valor corporativo de la historia reciente.

Luis Ernesto Delgado
Redactor con base en EE.UU. que cubre mercados agrícolas, comercio agroalimentario y políticas públicas con foco internacional.

La compra de Monsanto por parte de Bayer, anunciada en 2016 y concretada en 2018 por USD 62.000 millones, es considerada hoy una de las decisiones corporativas más costosas en la historia del agronegocio. Impulsada por el entonces CEO Werner Baumann, la operación buscaba crear un gigante global de la agricultura combinando semillas, tecnología agrícola y protección de cultivos. Sin embargo, las demandas vinculadas al herbicida Roundup transformaron lo que parecía una apuesta estratégica en una advertencia para empresas de todo el mundo. El caso sigue siendo relevante en 2026 porque demuestra cómo un riesgo legal subestimado puede destruir miles de millones de dólares en valor para los accionistas.

Cuando Bayer anunció la adquisición de Monsanto, la operación fue presentada como un movimiento capaz de redefinir la agricultura moderna. La combinación de las tecnologías de semillas, biotecnología y agricultura digital de Monsanto con el negocio de protección de cultivos de Bayer prometía crear una potencia sin precedentes en el mercado global.

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La propuesta generó entusiasmo dentro de la industria, pero también despertó fuertes cuestionamientos entre inversores y analistas. De hecho, los accionistas de Bayer eliminaron cerca de USD 15.000 millones de valor bursátil apenas se conocieron los planes de adquisición, reflejando las dudas sobre el verdadero costo de la operación.

A pesar de las advertencias, la compañía alemana avanzó con la compra por USD 62.000 millones, la mayor adquisición de sus más de 160 años de historia.

El riesgo oculto detrás del glifosato

Detrás de la valuación relativamente baja de Monsanto existía una preocupación que luego se convertiría en el centro de la crisis.

En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó al glifosato como "probablemente cancerígeno para los seres humanos". Aunque organismos regulatorios como la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y entidades europeas continuaron respaldando la seguridad del producto, aquella evaluación abrió la puerta a una ola de litigios que terminaría golpeando de lleno a Bayer.

La situación escaló rápidamente en 2018, cuando un jurado de California falló a favor de un trabajador que atribuía su cáncer al uso de Roundup, el herbicida más emblemático de Monsanto.

Aquella sentencia se convirtió en la primera de muchas.

Bayer pierde miles de millones: la compra de Monsanto que cambió para siempre las reglas de las fusiones

Lo que inicialmente parecía un problema acotado terminó transformándose en una carga financiera multimillonaria.

Desde la compra, Bayer desembolsó más de USD 10.000 millones para resolver reclamos relacionados con Roundup. Además, la compañía informó que sus provisiones para litigios se acercan a los USD 14.000 millones, una cifra que continúa pesando sobre su balance y sobre la confianza de los inversores.

La consecuencia más visible fue la destrucción de valor para los accionistas. Actualmente, el valor bursátil de Bayer es inferior al monto que pagó para adquirir Monsanto, un dato que resume la magnitud del golpe financiero sufrido por la empresa.

La paradoja: el negocio agrícola sí funcionó

Paradójicamente, el negocio agrícola adquirido sí aportó crecimiento.

La división Crop Science, corazón del negocio agropecuario de Bayer, mostró un desempeño más sólido que otras áreas de la compañía. Desde 2018, sus ventas crecieron en promedio cerca del 2% anual, mientras que la división farmacéutica registró una evolución prácticamente estancada.

Esto significa que la adquisición no fracasó por razones operativas ni productivas. El problema fue la incapacidad de dimensionar adecuadamente los riesgos legales asociados a uno de los productos más utilizados por agricultores de todo el mundo.

Para muchos especialistas en fusiones y adquisiciones, Bayer podría haber reducido parte del impacto negociando un precio menor por Monsanto, contratando coberturas específicas contra litigios masivos o desarrollando escenarios más profundos sobre posibles demandas futuras.

Hoy, el caso Bayer-Monsanto es estudiado en escuelas de negocios y por especialistas en fusiones y adquisiciones (M&A) como uno de los ejemplos más emblemáticos de cómo los riesgos regulatorios y judiciales pueden alterar por completo el resultado de una operación corporativa.

La experiencia deja una advertencia especialmente importante para empresas vinculadas a la agricultura, los alimentos, los agroquímicos, los medicamentos y otros sectores cuyos productos llegan a millones de consumidores.

La principal enseñanza es que una evaluación financiera sólida no siempre alcanza. La gestión de riesgos legales y reputacionales puede ser tan importante como las proyecciones de ventas, los márgenes de rentabilidad o las sinergias esperadas.

A diez años del anuncio que sacudió a Wall Street y al sector agroindustrial, Bayer conserva un negocio agrícola más fuerte gracias a Monsanto. Sin embargo, también carga con una de las mayores facturas legales de la historia corporativa moderna.

La operación que buscaba liderar el futuro de la producción mundial de alimentos terminó convirtiéndose en una referencia obligada para cualquier empresa que evalúe una adquisición de gran escala.

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