Campo

El campo boliviano entra en una carrera por el diésel para sembrar 3 millones de hectáreas

La escasez disminuyó en las ciudades, pero persiste en zonas productivas. El agro advierte que las demoras pueden chocar con una ventana de siembra cada vez más corta.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Más de 3 millones de hectáreas deberán ser sembradas en Bolivia durante la próxima campaña de verano, pero al 7 de septiembre los productores de distintas provincias todavía enfrentan dificultades para conseguir diésel, según advirtió la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO). Aunque las filas en los surtidores comenzaron a reducirse, el abastecimiento continúa siendo irregular en áreas rurales, justo cuando tractores y maquinaria necesitan combustible para preparar los lotes e iniciar las labores agrícolas dentro de las fechas previstas.

La situación resulta especialmente sensible en Santa Cruz y otras zonas productivas, donde el diésel es indispensable para preparación de suelos, siembra, aplicaciones, transporte y posteriores tareas de cosecha. Desde la CAO reconocen una mejora respecto de las semanas de mayor escasez, tanto en gasolina como en diésel, pero señalan que esa normalización todavía no llegó con la misma intensidad al interior del país. Productores y maquinaria continúan trasladándose hasta surtidores provinciales en busca de combustible, una demora que agrega costos y resta jornadas de trabajo.

El problema no se limita a conseguir un insumo más. La agricultura trabaja con fechas determinadas por las condiciones climáticas y agronómicas, por lo que postergar las labores puede obligar a concentrar maquinaria y personal en períodos más reducidos. "Las ventanas se van acortando", advirtió el presidente de la CAO, Klaus Frerking, al explicar por qué el sector reclama una solución antes de que la campaña ingrese en su etapa de mayor demanda de combustible.

Tres millones de hectáreas elevan la presión antes de la siembra

La dimensión de la próxima campaña convierte al abastecimiento energético en una variable productiva. De acuerdo con la estimación presentada por la entidad agropecuaria, más de 3 millones de hectáreas tendrán que ser implantadas en el país, una superficie que demandará un flujo sostenido de combustible para movilizar tractores, sembradoras y equipos durante las próximas semanas. Si la distribución no se regulariza en las provincias, el cuello de botella podría coincidir con el momento de mayor actividad.

La CAO sostiene que la mejora observada en las filas no alcanza para considerar solucionada la crisis. La preocupación está puesta en evitar que el productor deba destinar tiempo y recursos a buscar combustible cuando necesita concentrarse en el lote. La oportunidad del abastecimiento resulta tan importante como su disponibilidad: un litro que llega después de la fecha adecuada para sembrar no tiene el mismo valor productivo que uno disponible cuando la maquinaria debe entrar al campo.

A la escasez se suma una ecuación económica compleja. El sector reconoce que el aumento del dólar y la evolución internacional de los combustibles condicionan las alternativas de abastecimiento. Para los establecimientos agrícolas, cualquier modificación en el precio del diésel repercute además sobre una estructura que ya incorpora semillas, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria y logística, por lo que una mayor disponibilidad a precios más elevados tampoco resulta indiferente para los márgenes de la campaña.

El agro reclama abrir la importación y cambiar el sistema de abastecimiento

Ante un problema que se repite, la Cámara Agropecuaria del Oriente volvió a plantear una mayor participación privada en la importación de combustibles. La entidad considera necesario establecer reglas que permitan asegurar el suministro a largo plazo y reducir la dependencia de un esquema que, según los productores, no consiguió evitar los faltantes recurrentes en las zonas agrícolas.

La discusión no pasa únicamente por autorizar importaciones. La CAO reclama conocer con mayor claridad cómo inciden el tipo de cambio, los valores internacionales, los volúmenes importados y la competencia entre operadores sobre el precio final. El planteo del sector es que el productor pueda disponer del combustible cuando lo necesita, aun dentro de un escenario en el que las condiciones económicas de importación resultan más exigentes.

La organización también ratificó su pedido de abrogación del Decreto 5676, al considerar que la normativa no consiguió resolver integralmente la escasez. Para la entidad, la continuidad de los faltantes demuestra que todavía hace falta un mecanismo capaz de sostener el abastecimiento sin regresar periódicamente a extensas filas y restricciones en los surtidores.

La cuenta regresiva de la campaña será ahora el principal indicador de la gravedad del problema. Bolivia necesita movilizar maquinaria para sembrar más de 3 millones de hectáreas y el margen de tiempo comienza a reducirse. Si el suministro logra normalizarse antes del período de mayor actividad, el impacto podría quedar limitado a las demoras actuales; si los faltantes persisten en las provincias, la disponibilidad de diésel pasará de ser un problema de abastecimiento a convertirse en un condicionante directo del calendario agrícola.

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