Brasil recibe otro golpe: sus productos podrían pagar aranceles del 37,5%
Una investigación por trabajo forzoso podría sumar otro recargo a los productos brasileños. Washington anunciará su decisión el próximo 24 de julio.
Estados Unidos podría elevar hasta el 37,5% el arancel aplicado a determinados productos de Brasil a partir del viernes 24 de julio, cuando la Oficina del Representante Comercial estadounidense defina un nuevo recargo relacionado con el trabajo forzoso. La medida podría sumarse a la tarifa del 25% anunciada por el gobierno de Donald Trump el miércoles 15 y encarecer exportaciones brasileñas por miles de millones de dólares.
Brasil fue incluido junto con otras 53 economías en un informe de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, conocida como USTR. El organismo sostiene que esos países no disponen de controles suficientemente eficaces para impedir la importación y comercialización de bienes producidos mediante trabajo forzoso.
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A partir de esa evaluación, Washington analiza imponer una sobretasa adicional del 12,5%. La inquietud del gobierno brasileño responde a que todavía no está definido si ese porcentaje reemplazará el gravamen temporal vigente o se acumulará con el arancel del 25% establecido contra una parte de las exportaciones del país.
Si ambas medidas se aplican sobre los mismos bienes, la carga total podría llegar al 37,5%. Para los exportadores, semejante diferencia implicaría mayores costos de acceso al mercado estadounidense, pérdida de rentabilidad y dificultades para competir con proveedores de otros orígenes.
La definición que puede llevar la tarifa hasta el 37,5%
El ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios de Brasil, Márcio Elias Rosa, reconoció que las negociaciones permanecen abiertas y que todavía no existe una confirmación sobre el carácter acumulativo de las tarifas. Las autoridades brasileñas tampoco saben si Washington concederá excepciones a países o productos específicos.
Actualmente, las mercaderías procedentes de las economías señaladas por la USTR pagan un arancel adicional temporal del 10%, establecido mediante la Sección 122 de la legislación comercial estadounidense. Su vigencia finalizaría el 24 de julio, cuando debería comenzar a aplicarse la nueva tasa del 12,5%.
La sustitución de un porcentaje por otro supondría un aumento de 2,5 puntos. El impacto sería mucho mayor si la Casa Blanca decidiera acumular el nuevo gravamen con el 25% anunciado contra Brasil. En ese escenario, algunos productos quedarían expuestos a 27,5 puntos porcentuales de nuevas cargas, además de los derechos aduaneros que ya pagaban antes de la disputa.
El gobierno brasileño considera probable que la sobretasa vinculada al trabajo forzoso tenga un alcance general y no admita demasiadas excepciones. Sin embargo, la lista definitiva de mercaderías afectadas y su relación con los demás aranceles solo se conocerían cuando Estados Unidos presente la resolución.
Las estimaciones oficiales indican que la tarifa del 25% podría alcanzar cerca del 18% de las exportaciones brasileñas dirigidas a Estados Unidos, por un valor aproximado de US$ 7.400 millones, tomando como referencia las operaciones de 2024. La industria calcula además que miles de posiciones comerciales podrían quedar expuestas directa o indirectamente a las nuevas barreras.
La combinación de ambas medidas obligaría a numerosas empresas a revisar precios, contratos y destinos de exportación. Algunos proveedores podrían absorber una parte del costo para conservar compradores, mientras otros tendrían que trasladarlo al precio final o reducir sus envíos.
El agronegocio calcula el costo de perder competitividad
La decisión también mantiene en alerta al sector agroindustrial. Estados Unidos es un comprador relevante de café, jugos, productos forestales, azúcar, alimentos procesados y otras manufacturas brasileñas de origen agropecuario. El impacto sobre cada cadena dependerá de los productos alcanzados y de las eventuales exclusiones.
Un arancel del 37,5% podría modificar las decisiones de los importadores estadounidenses, especialmente cuando existen proveedores alternativos con costos aduaneros más bajos. Para las empresas brasileñas, la consecuencia puede ser una reducción de márgenes, menores volúmenes vendidos o la necesidad de buscar destinos capaces de absorber la producción desplazada.
La medida tampoco afectaría únicamente a los bienes terminados. Una proporción importante de las exportaciones brasileñas corresponde a insumos utilizados por industrias estadounidenses. El aumento de las tarifas podría, por lo tanto, trasladarse a los costos de fabricación dentro de Estados Unidos y terminar reflejado en los precios pagados por consumidores y empresas.
La investigación de la USTR no implica que todos los exportadores brasileños utilicen trabajo forzoso. El cuestionamiento se dirige a la capacidad del país para impedir el ingreso de mercaderías elaboradas bajo esas condiciones y evitar que obtengan ventajas dentro de sus cadenas comerciales.
Entre las economías mencionadas por el organismo estadounidense se encuentran también Argentina, Chile, Colombia, China, India, Japón, Australia y Corea del Sur. La aplicación extendida del 12,5% podría alterar flujos comerciales mucho más amplios y aumentar el costo de abastecimiento de diferentes sectores de la economía norteamericana.
Brasil intentará aprovechar los próximos días para obtener precisiones y negociar condiciones que reduzcan el impacto. La fecha determinante será el viernes 24 de julio: si Estados Unidos confirma que ambos recargos son acumulativos, una parte de los productos brasileños podría enfrentar una tarifa total del 37,5% y perder competitividad en uno de sus mercados más importantes.

