Brasil lleva el etanol al mar: un gigante portacontenedores ya cargó 500 toneladas
El país estrenó el abastecimiento marítimo con etanol y ya mueve más de un millón de toneladas de azúcar en camiones impulsados con biometano.
Brasil abrió una nueva etapa para sus biocombustibles al realizar por primera vez en el país el abastecimiento de un buque con etanol y ampliar el uso de biometano en el transporte pesado de azúcar. Los avances fueron presentados este 14 de agosto durante un encuentro del sector energético y agroindustrial en Sertãozinho, São Paulo, y muestran cómo la producción agrícola brasileña comienza a extender su participación en la descarbonización hacia dos actividades difíciles de electrificar: el transporte marítimo y el carretero.
El episodio más novedoso ocurrió en julio. Un portacontenedores con capacidad para transportar 13.000 contenedores recibió 500 toneladas de etanol mediante una barcaza, en lo que fue informado como el primer abastecimiento de estas características realizado en territorio brasileño.
La operación abre una posibilidad que va más allá del consumo interno de biocombustibles. Si este tipo de abastecimiento se expande, los puertos brasileños podrían participar como puntos de suministro para embarcaciones internacionales que buscan reducir la intensidad de carbono de sus operaciones.
Para Brasil, además, existe una conexión directa con el agro. El país posee una de las mayores industrias de caña de azúcar y etanol del mundo, una infraestructura que podría adquirir una nueva función a medida que el transporte marítimo avance hacia combustibles con menores emisiones.
Del tanque de los autos a los barcos: el etanol busca un mercado gigante
Durante décadas, el etanol brasileño estuvo asociado principalmente al automóvil y a la mezcla obligatoria con gasolina. La experiencia marítima amplía ahora el horizonte hacia embarcaciones que recorren rutas internacionales y consumen grandes volúmenes de combustible.
La industria naviera enfrenta una creciente presión para reducir sus emisiones. La Organización Marítima Internacional estableció una estrategia para avanzar hacia emisiones netas de gases de efecto invernadero cercanas a cero alrededor de 2050, además de objetivos intermedios para 2030 y 2040.
Ese proceso obliga al sector a evaluar distintas alternativas energéticas. No existe todavía un único combustible capaz de resolver las necesidades de toda la flota mundial, por lo que tecnologías basadas en biocombustibles, metanol, combustibles sintéticos y otras fuentes compiten por ocupar parte de ese mercado.
Brasil tiene una ventaja particular: su capacidad para producir bioenergía a gran escala a partir de materias primas agrícolas y residuos agroindustriales. La expansión hacia la navegación permitiría agregar otra demanda potencial a una cadena que ya abastece al enorme mercado terrestre brasileño.
El impacto económico podría extenderse hacia ingenios, productores de caña, terminales portuarias, operadores logísticos y proveedores de infraestructura. Sin embargo, para convertir una primera experiencia en un negocio de escala serán necesarias inversiones, disponibilidad regular de combustible y embarcaciones compatibles con estas alternativas.
La propia logística utilizada en julio ofrece una referencia de cómo podría funcionar ese mercado: las 500 toneladas fueron transferidas al buque mediante una barcaza, permitiendo realizar el suministro dentro de la operación portuaria.
Más de un millón de toneladas de azúcar ya viajaron con biometano
La transformación energética también empieza a verse sobre las carreteras. Una flota de 80 camiones impulsados con biometano ya transportó más de un millón de toneladas de azúcar desde plantas productoras hacia el Puerto de Santos y terminales de transferencia.
En este caso, combustible y carga provienen de una misma cadena agroindustrial. El biometano puede producirse a partir de la purificación del biogás obtenido de residuos orgánicos, incluidos subproductos generados por actividades agropecuarias y agroindustriales.
Su utilización en camiones pesados resulta especialmente interesante porque el transporte de cargas de larga distancia se encuentra entre los segmentos donde la sustitución completa del motor de combustión por baterías presenta mayores exigencias de autonomía, peso e infraestructura.
Para la agroindustria brasileña, reducir las emisiones del transporte también puede tener efectos comerciales. Los compradores internacionales prestan cada vez más atención a la huella ambiental completa de los productos, desde su producción en el campo hasta el traslado hacia puertos y mercados de destino.
En el azúcar, esto significa que las emisiones generadas durante el viaje entre el ingenio y el puerto también forman parte de la cuenta ambiental de la cadena. Sustituir diésel fósil por biometano en determinados corredores puede reducir esa huella antes de que el producto siquiera abandone Brasil.
El movimiento coincide con una política energética brasileña que continúa ampliando el espacio de los combustibles renovables. Desde el 1° de agosto de 2025, la mezcla obligatoria de etanol anhidro en la gasolina pasó del 27% al 30%, mientras el país también elevó el contenido obligatorio de biodiésel en el diésel.
La aparición de nuevas aplicaciones puede abrir otra etapa. El etanol ya no queda limitado al tanque de los automóviles y el biometano empieza a probar su capacidad para reemplazar combustibles fósiles en grandes operaciones logísticas.
Un barco abastecido con 500 toneladas de etanol y más de un millón de toneladas de azúcar transportadas con biometano muestran hasta dónde puede extenderse esa transformación. Para Brasil, la oportunidad está en convertir su enorme producción agroindustrial no solamente en alimentos y exportaciones, sino también en combustible para mover las cargas que circulan dentro y fuera del país.

