Chile

Chile aprueba el megaproyecto portuario que busca transformar el comercio del Pacífico Sur

El Puerto Exterior de San Antonio obtuvo luz verde ambiental tras seis años de evaluación y promete duplicar la capacidad logística de Chile central.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Chile dio un paso decisivo para el futuro de su infraestructura logística y comercial. La Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso aprobó por unanimidad el Estudio de Impacto Ambiental del Puerto Exterior de San Antonio, una megaobra que apunta a duplicar la capacidad portuaria de la zona central y fortalecer la competitividad exportadora del país en las próximas décadas.

La aprobación llega después de seis años de tramitación, revisiones técnicas y observaciones ambientales vinculadas principalmente al impacto sobre ecosistemas costeros y humedales de la región.

El proyecto, impulsado por la Empresa Portuaria San Antonio (EPSA), contempla inversiones superiores a US$ 3.500 millones y es considerado una de las iniciativas de infraestructura más ambiciosas desarrolladas en Chile en los últimos años.

Una vez en funcionamiento pleno, el nuevo complejo podrá movilizar hasta 6 millones de TEU anuales, duplicando la capacidad actual del sistema portuario de San Antonio y consolidando a Chile como uno de los principales nodos logísticos del Pacífico Sur.

La iniciativa busca responder al crecimiento sostenido del comercio exterior chileno y a la necesidad de evitar futuras limitaciones operativas en los puertos de la zona central.

El megapuerto apunta a fortalecer exportaciones y logística regional

El Puerto Exterior de San Antonio fue diseñado para recibir buques portacontenedores de última generación y mejorar la capacidad de conexión marítima de Chile con Asia, América y otros mercados internacionales.

Dentro del proyecto se contempla la construcción de un gigantesco rompeolas de aproximadamente 4 kilómetros de extensión, además de áreas comunes y terminales especializados para operación simultánea de grandes embarcaciones.

La obra será desarrollada en distintas etapas debido a su magnitud técnica y financiera.

En una primera fase se avanzará con las obras de abrigo e infraestructura básica, mientras que posteriormente se construirán dos terminales especializados: Terminal Mar y Terminal Tierra.

Ambos podrán operar buques clase E, considerados entre los mayores portacontenedores utilizados actualmente en rutas marítimas internacionales.

El sector exportador chileno sigue de cerca el avance del proyecto debido a la importancia estratégica que tiene para cadenas vinculadas a minería, agroindustria, alimentos, manufacturas y comercio exterior.

La expansión logística también aparece como un factor relevante para mantener competitividad frente al crecimiento de otros puertos del Pacífico sudamericano.

Las exigencias ambientales marcaron seis años de revisión

Uno de los aspectos más complejos del proceso estuvo relacionado con los impactos ambientales sobre sectores costeros y urbanos cercanos a San Antonio.

La evaluación incluyó miles de observaciones técnicas y ciudadanas, especialmente vinculadas a la protección del sistema de humedales de Llolleo, conocidos como los "Ojos de Mar".

Como parte de la aprobación, el proyecto quedó sujeto a exigencias estrictas de monitoreo ambiental, compensación y resguardo de biodiversidad.

Las autoridades chilenas remarcaron que la resolución busca compatibilizar desarrollo portuario con protección ambiental y calidad de vida urbana.

Con la Resolución de Calificación Ambiental ya aprobada, la Empresa Portuaria San Antonio iniciará ahora la etapa de ingeniería de detalle y preparación de futuras licitaciones internacionales.

Las proyecciones oficiales apuntan a que los primeros terminales comiencen a operar durante la próxima década.

El avance del Puerto Exterior aparece además como una señal estratégica dentro de la competencia logística regional, en momentos donde distintos países de América Latina aceleran inversiones en infraestructura marítima para responder al crecimiento del comercio global.

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