China y América Latina profundizan su vínculo comercial en un contexto global incierto
El comercio entre China y América Latina superó los US$ 565.000 millones en 2025, impulsado por alimentos, energía, minerales y nuevas inversiones industriales.
El vínculo económico y comercial entre China y América Latina continúa consolidándose en un escenario internacional marcado por la volatilidad y la reconfiguración de los flujos globales. Datos oficiales muestran que el intercambio bilateral alcanzó en 2025 un valor récord de 3,93 billones de yuanes, equivalentes a unos US$ 565.280 millones, con un crecimiento interanual del 6,5 %, superando por segundo año consecutivo la barrera de los US$ 500.000 millones.
Según cifras de la administración aduanera china, el comercio con América Latina creció por encima del promedio del comercio exterior total de China, reflejando una relación cada vez más estratégica y complementaria. Desde alimentos frescos hasta vehículos eléctricos, el intercambio bilateral se expandió tanto en volumen como en diversidad de productos.
Especialistas señalan que esta dinámica se apoya en una complementariedad estructural entre ambas regiones. Mientras China cuenta con un amplio mercado consumidor y un sistema industrial consolidado, América Latina aporta productos agropecuarios, recursos minerales y energía, lo que permitió desarrollar cadenas de cooperación estables en sectores como agricultura, minería, manufactura y energía.
En 2025, las importaciones chinas desde América Latina crecieron un 4,9 %, con una tasa promedio del 4,3 % entre 2024 y 2025. El repunte estuvo impulsado por una mayor demanda de alimentos de calidad, entre ellos cerezas chilenas, carne bovina argentina, frutas peruanas y productos pesqueros ecuatorianos, que responden a la diversificación de los hábitos de consumo en el mercado chino.
Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe proyecta que China será en 2025 el socio comercial que más contribuirá al crecimiento de las exportaciones latinoamericanas, con una suba estimada del 7 % interanual, impulsada principalmente por carne, soja y minerales como el cobre, en un contexto de precios internacionales más firmes.
Este crecimiento se ve reforzado por la apertura institucional de China, su política de ampliación de importaciones y la implementación de acuerdos de libre comercio con varios países de la región. Estas herramientas redujeron costos arancelarios y facilitaron el ingreso de productos latinoamericanos, fortaleciendo la previsibilidad de los flujos comerciales y alentando inversiones de largo plazo.
En paralelo, el intercambio bilateral avanza hacia una mayor sofisticación. China incrementó sus exportaciones de bienes de mayor valor agregado, especialmente en sectores vinculados a la transición energética, como los vehículos eléctricos y los paneles fotovoltaicos, lo que contribuye a una transformación gradual de la estructura del comercio.
Un ejemplo de esta tendencia es la inauguración, en octubre pasado, de una planta de producción de vehículos eléctricos e híbridos del fabricante chino BYD en el estado de Bahía, Brasil. El proyecto, con una inversión de 5.500 millones de reales, se convirtió en el mayor parque industrial de la compañía fuera de Asia y prevé la creación de hasta 20.000 empleos directos e indirectos.
Desde el gobierno brasileño destacaron que la iniciativa se alinea con los objetivos de modernización industrial, innovación y competitividad, al tiempo que impulsa el desarrollo de la cadena regional de energías limpias. Para analistas del sector, este tipo de inversiones refleja un cambio cualitativo en la relación económica entre China y América Latina.
Además del impacto industrial, la expansión de productos verdes chinos en la región contribuye a reducir emisiones, diversificar la matriz energética y acompañar los compromisos climáticos, al mismo tiempo que genera empleo calificado y nuevas oportunidades productivas.
China ratificó esta orientación en su Documento de Política sobre América Latina y el Caribe, publicado en diciembre pasado, donde plantea promover un desarrollo equilibrado y sostenible del comercio bilateral, con mayor énfasis en bienes de alto valor agregado, servicios, comercio digital e innovación tecnológica.
Analistas coinciden en que el vínculo China-América Latina atraviesa una etapa de maduración, dejando atrás una relación centrada exclusivamente en volúmenes para avanzar hacia un esquema más diversificado, con foco en calidad, inversión productiva y cooperación de largo plazo, en un escenario global que exige mayor resiliencia y adaptación.

