China advierte a México por aranceles y abre tensión comercial
Pekín pidió revertir impuestos de hasta 50% a sus exportaciones mientras crece la presión por la revisión del T-MEC en 2026.
La relación comercial entre México y China entró en una fase de alta tensión tras la entrada en vigor, el 1 de enero de 2026, de nuevos aranceles de entre 5% y 50% aplicados a más de 1.400 fracciones arancelarias provenientes de países sin tratado comercial. La medida impacta de manera directa sobre manufacturas chinas y ya provocó una reacción formal del gobierno de Pekín.
El pasado 9 de febrero, en la capital china, el viceministro de Comercio Li Chenggang se reunió con la viceministra de Economía de México en un encuentro que, aunque breve en su comunicado oficial, dejó un mensaje claro: China instó a México a "corregir sus prácticas erróneas de unilateralismo y proteccionismo".
La reforma a la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, aprobada por el Senado mexicano en diciembre, busca reforzar la protección industrial y reducir la competencia que el gobierno considera desleal. Sin embargo, desde Pekín advirtieron que seguirán de cerca la implementación y el impacto de las nuevas tarifas, lo que deja abierta la posibilidad de una escalada comercial.
Hasta ahora no se han anunciado represalias directas contra productos mexicanos. No obstante, analistas consideran que China podría recurrir a mecanismos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o aplicar medidas selectivas si las conversaciones no avanzan.
El volumen en juego es significativo. Los sectores alcanzados por el ajuste arancelario incluyen textiles, calzado, acero, aluminio, plásticos y manufacturas diversas, que representan cerca de 52.000 millones de dólares en importaciones anuales, equivalentes al 8,6% del total de compras externas de México.
Desde el gobierno mexicano sostienen que la medida es clave para proteger más de 320.000 empleos vinculados a industrias nacionales que enfrentan presión por subvaluación y competencia asiática. El argumento central es fortalecer la soberanía productiva y evitar distorsiones en cadenas industriales estratégicas.
El momento elegido para aplicar los aranceles no es menor. Este año se realizará la revisión del T-MEC, el acuerdo comercial que vincula a México con Estados Unidos y Canadá. Washington ha manifestado su preocupación por el creciente comercio entre México y China, temiendo que el país funcione como plataforma indirecta de acceso al mercado norteamericano para productos asiáticos.
En ese escenario, México enfrenta un delicado equilibrio diplomático: sostener su vínculo con China, su segundo socio comercial, mientras atiende las exigencias de integración regional planteadas por Estados Unidos y Canadá. Una escalada arancelaria podría impactar no solo en el comercio bilateral, sino también en inversiones estratégicas y en la dinámica de precios internos.
Economistas advierten que parte del costo de los nuevos aranceles podría trasladarse al consumidor final, presionando la inflación durante el primer trimestre de 2026. El efecto dependerá del margen de absorción de las empresas importadoras y de la velocidad con que se ajusten las cadenas de suministro.
La evolución del diálogo entre ambos gobiernos será determinante para evitar que la tensión derive en una disputa formal. Con cifras millonarias en juego y bajo la mirada atenta de Washington, el comercio entre México y China entra en una etapa de definiciones clave para el equilibrio geoeconómico en América del Norte.

