Comercio Internacional

Exportar a China ya no será igual: las nuevas normas que impactan al agro

El nuevo Código Marítimo redefine las responsabilidades de las navieras, incorpora cambios en las indemnizaciones por demoras y puede modificar la gestión de riesgos para las exportaciones agroalimentarias.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

China actualizó su Código Marítimo con una reforma que podría modificar la forma en que se gestionan los embarques internacionales hacia ese mercado. Las nuevas disposiciones redefinen las responsabilidades de las navieras, amplían los criterios para reclamar pérdidas económicas por demoras y establecen reglas que impactarán directamente en la logística de productos perecederos, uno de los segmentos más sensibles del comercio agroalimentario mundial.

Para los exportadores de frutas, carnes y otros alimentos refrigerados, los cambios llegan en un momento en el que la eficiencia logística se volvió tan importante como la calidad del producto. Un retraso de pocos días o una falla en la cadena de frío puede traducirse en pérdidas millonarias, especialmente cuando la mercadería está destinada a fechas de alta demanda.

Más responsabilidades para las navieras y nuevas herramientas para reclamar

Uno de los cambios más relevantes incorpora la obligación expresa de que los transportistas proporcionen contenedores refrigerados aptos para preservar correctamente la carga durante todo el trayecto. Aunque en la práctica este requisito ya era habitual, la nueva legislación elimina interpretaciones que generaban conflictos cuando aparecían problemas de conservación durante el transporte.

La reforma también aclara que la responsabilidad del transportista comprende tanto la recepción como la entrega efectiva de la mercadería, un aspecto que puede resultar determinante para establecer quién debe responder cuando se producen daños, pérdidas o inconvenientes durante la permanencia de la carga en terminales portuarias.

Otro de los puntos que despierta mayor interés entre exportadores e importadores es el tratamiento de los retrasos. Hasta ahora, obtener una compensación económica por una demora sin daños físicos visibles resultaba complejo. Con la nueva normativa, China abre la posibilidad de reclamar pérdidas comerciales derivadas del atraso en la entrega, especialmente cuando el valor del producto depende del momento en que llega al mercado.

La actualización también modifica la metodología utilizada para calcular una indemnización. En lugar de tomar como referencia únicamente el valor de origen, la evaluación podrá considerar el precio de mercado vigente en el lugar y momento de la entrega, un criterio que puede cambiar significativamente el monto de los reclamos en productos de alto valor comercial.

El nuevo escenario exige revisar contratos y estrategias logísticas

No todas las modificaciones benefician a los exportadores. La reforma incorpora disposiciones que podrían trasladar determinados costos al cargador cuando el consignatario no retire la mercadería en destino, una situación que puede presentarse por problemas documentales, restricciones sanitarias o rechazos comerciales.

Además, el nuevo Código fortalece la aplicación obligatoria de la legislación marítima china para los embarques que tengan como origen o destino un puerto del país, incluso cuando los contratos establezcan otra legislación aplicable. Para especialistas en comercio exterior, este punto obligará a revisar las cláusulas habituales de los conocimientos de embarque y otros documentos contractuales.

La actualización refleja un proceso de modernización de las normas que regulan el transporte marítimo en uno de los principales mercados de alimentos del mundo. Para las empresas agroexportadoras, comprender estos cambios será fundamental para reducir riesgos, fortalecer la planificación logística y proteger el valor de cada embarque en un escenario donde la competitividad depende tanto de la producción como de la capacidad para entregar la mercadería en tiempo y forma.

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