Suba histórica del salario mínimo y tensión en el agro
El alza del 23,7% para 2026 busca mejorar el poder adquisitivo, pero en el sector agropecuario crecen las dudas por el efecto sobre la informalidad, los costos laborales y los precios de los alimentos.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció un aumento histórico del salario mínimo del 23,7% para 2026, el mayor en al menos 25 años. Con el ajuste y el subsidio de transporte, el ingreso mensual pasará de 1.623.500 a 2 millones de pesos colombianos, en un contexto de fuerte debate económico y a pocos meses del inicio del calendario electoral.
Desde el Gobierno sostienen que la medida apunta a reducir la desigualdad y mejorar la calidad de vida, aunque reconocen que habrá presión sobre los precios. "Con estas medidas pensamos disminuir la desigualdad, aunque va a haber una presión sobre los precios", afirmó Petro junto al ministro de Trabajo, Antonio Sanguino.
Un ajuste que impacta de lleno en el empleo rural
Si bien el debate suele concentrarse en la macroeconomía, el sector agropecuario aparece entre los más sensibles a este tipo de decisiones. La agricultura colombiana es intensiva en mano de obra, con una alta participación de empleo informal y márgenes ajustados, especialmente en producciones como café, caña de azúcar, frutas, hortalizas y ganadería.
De acuerdo con datos del DANE, cerca del 50% de los trabajadores colombianos no alcanza a percibir un salario mínimo, una situación que se acentúa en las zonas rurales. Para muchos productores, un aumento de esta magnitud eleva los costos laborales formales y puede terminar incentivando aún más la informalidad, en lugar de reducirla.
Economistas advierten que un ajuste muy por encima de la inflación -estimada en torno al 4% para 2026, según el Banco de la República- puede trasladarse rápidamente a los precios. "Un aumento muy superior a la inflación se transmite en más inflación y puede desestabilizar la economía", señaló Jorge Restrepo, profesor de la Universidad Javeriana.
Costos, alimentos y competitividad
Para el agro, el impacto no se limita al empleo. El aumento del salario mínimo incide directamente en el costo de producción de alimentos, desde la cosecha hasta el procesamiento y la logística. En un escenario de inflación aún elevada y consumo ajustado, esto podría traducirse en mayores precios en góndola, afectando tanto a productores como a consumidores.
Al mismo tiempo, sectores exportadores advierten que una suba sostenida de los costos internos puede restar competitividad frente a otros países de la región, en un momento en el que Colombia busca consolidar ventas externas de productos agroindustriales.
Desde el sindicalismo, la lectura es opuesta. Fabio Arias, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores, sostuvo que las críticas empresariales reflejan el malestar por que "al pueblo trabajador le pueda ir mejor". Según el Ministerio de Hacienda, el incremento acumulado del salario mínimo durante el mandato de Petro ya alcanza el 42,4%.
El anuncio llega en un contexto particular: la economía colombiana muestra un crecimiento del PIB estimado entre 2,6% y 2,7%, pero el Gobierno declaró recientemente una emergencia económica por 30 días ante una "inminente crisis fiscal", tras advertencias de organismos internacionales.
Para el agro colombiano, el desafío será absorber el impacto del aumento salarial sin perder empleo ni competitividad, en un delicado equilibrio entre mejorar ingresos rurales y sostener la producción de alimentos.

