Las trabas regulatorias frenan el comercio regional y el BID ve margen para crecer 60%
Un informe del BID advierte que la falta de coordinación normativa limita el comercio de servicios en América Latina. Reducir barreras podría impulsar tecnología, finanzas y transporte.
El comercio de servicios se convirtió en uno de los motores más dinámicos de la economía global, pero en América Latina y el Caribe su crecimiento sigue limitado por la falta de coordinación normativa entre países. Un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que la región podría expandir de manera significativa sus intercambios si logra reducir barreras regulatorias, con incrementos que en algunos sectores podrían llegar hasta el 60% del comercio intrarregional.
En las últimas décadas, el intercambio internacional dejó de estar dominado exclusivamente por bienes físicos. La digitalización, el avance tecnológico y la expansión de la economía del conocimiento impulsaron el crecimiento de actividades como telecomunicaciones, informática, transporte, servicios profesionales y financieros, que hoy forman parte central de las cadenas globales de valor.
A diferencia de los productos industriales o agrícolas, el comercio de servicios enfrenta obstáculos distintos. Mientras los aranceles han disminuido en la mayor parte del mundo, los servicios siguen sujetos a restricciones regulatorias, requisitos de licencias, limitaciones a la inversión extranjera y normas técnicas específicas, que en muchos casos dificultan la entrada de proveedores de otros países.
Según el análisis del BID, América Latina presenta un escenario particularmente complejo. La región tiene un nivel intermedio de restricciones, pero al mismo tiempo registra una alta disparidad normativa entre países, lo que eleva los costos y reduce la posibilidad de que las empresas operen a escala regional.
Esta falta de convergencia regulatoria se convierte en uno de los principales frenos para el comercio intrarregional, incluso cuando existen acuerdos comerciales o cercanía geográfica. Las diferencias en requisitos legales, procedimientos administrativos o estándares técnicos obligan a las compañías a adaptarse a cada mercado, lo que reduce la competitividad y limita la expansión.
Las estimaciones del organismo indican que una reducción moderada de estas barreras podría generar un crecimiento relevante en los flujos comerciales dentro de la región. En sectores vinculados a comunicaciones e informática, el comercio podría aumentar cerca de 18%, mientras que en servicios de transporte el incremento rondaría el 14%.
El impacto sería mayor en actividades relacionadas con la distribución y el sistema financiero. El estudio calcula que la flexibilización de regulaciones podría impulsar el comercio en servicios de distribución alrededor de 31%, y en servicios financieros hasta 40%, lo que refleja el potencial aún no aprovechado del sector.
Sin embargo, el factor que más influye en la expansión del comercio no es solo la cantidad de regulaciones, sino la diferencia entre ellas. El BID señala que reducir la llamada distancia regulatoria intrarregional, es decir, las divergencias entre normas de los países, tendría efectos aún más importantes.
De acuerdo con las proyecciones, una disminución del 10% en esa brecha podría generar aumentos de aproximadamente 23% en servicios profesionales, cerca de 36% en distribución, alrededor de 40% en servicios financieros y más de 40% en transporte.
El mayor potencial se observa en los sectores ligados a la economía digital. En servicios de comunicaciones e informática, la mejora en la coordinación normativa podría elevar el comercio intrarregional hasta 60%, uno de los mayores incrementos estimados por el organismo.
El informe destaca que el sector servicios representa una oportunidad estratégica para América Latina, ya que permite diversificar las economías, reducir la dependencia de materias primas y generar mayor valor agregado a través del conocimiento, la tecnología y el capital humano.
No obstante, el BID advierte que el objetivo no debe ser eliminar todas las regulaciones. Muchas cumplen funciones necesarias para proteger a los consumidores, garantizar la calidad de los servicios o preservar la estabilidad financiera. El desafío consiste en identificar aquellas normas que generan obstáculos innecesarios y avanzar hacia esquemas de cooperación regulatoria, reconocimiento mutuo y armonización de estándares.
La capacidad de los países latinoamericanos para coordinar sus marcos normativos podría convertirse en uno de los factores decisivos para impulsar el crecimiento económico en los próximos años. El desarrollo del comercio de servicios aparece así como una de las herramientas más importantes para fortalecer la integración regional y ampliar las oportunidades de inversión, innovación y empleo.

