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¿Será la crisis de Hormuz el punto de inflexión que cambie la agricultura mundial?

El cierre de una ruta clave para los fertilizantes dispara costos agrícolas y reabre el debate sobre cómo producir alimentos en un mundo cada vez más inestable.

María Fernanda Solís
Periodista agroalimentaria especializada en comercio regional, sostenibilidad, logística y tendencias globales del sector agroindustrial.

La crisis en Medio Oriente ya comenzó a golpear a la agricultura mundial. Con el Estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado y cerca de un tercio del comercio global de fertilizantes afectado, los productores enfrentan un nuevo aumento de costos en pleno proceso de planificación de siembras. El impacto preocupa a gobiernos, empresas y organismos internacionales porque podría traducirse en menores aplicaciones de nutrientes, menores rendimientos y una presión creciente sobre los precios de los alimentos durante 2026 y 2027.

La advertencia ya fue lanzada por la FAO, que alertó sobre el riesgo de una crisis agroalimentaria si las interrupciones se prolongan. La situación llega además en un momento especialmente sensible para la agricultura global, marcado por eventos climáticos extremos, tensiones comerciales y una creciente dependencia de cadenas de suministro concentradas en pocos países.

Trabajadores descargan fertilizantes de potasa importados de un buque de carga en una terminal de graneles en el puerto de Zhangjiagang, provincia de Jiangsu, China, 18 de marzo de 2026.

Trabajadores descargan fertilizantes de potasa importados de un buque de carga en una terminal de graneles en el puerto de Zhangjiagang, provincia de Jiangsu, China, 18 de marzo de 2026.

El impacto más inmediato se observa en los fertilizantes. La urea, el producto nitrogenado más utilizado del planeta, acumula aumentos cercanos al 30% desde el inicio de la crisis, mientras que otros nutrientes muestran fuertes presiones alcistas.

Para los productores agrícolas, la ecuación es simple: cuando los fertilizantes se encarecen, muchos ajustan dosis para contener costos. El problema es que esa decisión suele reflejarse meses después en los rendimientos.

Especialistas en mercados agrícolas advierten que el verdadero efecto de la crisis podría no verse ahora, sino durante las próximas cosechas. Menos fertilización significa potencialmente menos producción de trigo, maíz, soja, arroz y otros cultivos esenciales para la alimentación mundial.

La preocupación aumenta al observar otro dato clave: apenas 15 países producen cerca del 70% de los alimentos del planeta. Cuando una crisis afecta simultáneamente energía, fertilizantes y producción agrícola, el riesgo deja de ser regional y se vuelve global.

La crisis también está acelerando una transformación silenciosa dentro del agro.

Un agricultor se encuentra entre gallinas jubiladas en un programa de agricultura regenerativa donde las gallinas se utilizan para fertilizar y segar olivares en Akaki,

Un agricultor se encuentra entre gallinas jubiladas en un programa de agricultura regenerativa donde las gallinas se utilizan para fertilizar y segar olivares en Akaki,

Cada vez más productores y empresas comienzan a buscar alternativas para reducir su dependencia de fertilizantes sintéticos importados. En ese escenario ganan protagonismo los biológicos, los biofertilizantes, la agricultura regenerativa, las tecnologías de eficiencia nutricional y la agricultura de precisión.

Lo que hace pocos años era visto principalmente como una estrategia ambiental hoy comienza a ser considerado una herramienta de competitividad y resiliencia económica.

Grandes compañías alimentarias como Cargill, PepsiCo, Unilever, Mars y McCain ya impulsan programas de agricultura regenerativa sobre millones de hectáreas porque consideran que los sistemas productivos deberán adaptarse a un escenario de mayor volatilidad geopolítica y climática.

La tendencia avanza rápidamente. Actualmente, la agricultura regenerativa ocupa alrededor del 15% de la superficie agrícola mundial y mantiene tasas de crecimiento cercanas al 19% anual.

Para América Latina, el debate adquiere una relevancia estratégica. La región es una potencia exportadora de alimentos, pero también depende en gran medida de fertilizantes importados para sostener la productividad de cultivos como soja, maíz, caña de azúcar, café y trigo.

Un trabajador descarga un saco de cáscaras de arroz desechadas antes de quemarlas en un horno tradicional para producir fertilizante orgánico en Mwea, Kenia. Si África implementara la agricultura regenerativa, los rendimientos de los cultivos podrían aumentar un 13 % para 2040, según un informe de la ONU.

Un trabajador descarga un saco de cáscaras de arroz desechadas antes de quemarlas en un horno tradicional para producir fertilizante orgánico en Mwea, Kenia. Si África implementara la agricultura regenerativa, los rendimientos de los cultivos podrían aumentar un 13 % para 2040, según un informe de la ONU.

Brasil, Mexico, Argentina, Peru, Chile, Paraguay, Guatemala y Uruguay observan con atención la evolución de los mercados internacionales porque cualquier interrupción prolongada puede impactar directamente en los costos de producción y en la competitividad exportadora.

Más allá de la evolución del conflicto, la crisis dejó una enseñanza que ya resuena en todo el sector agropecuario: la seguridad alimentaria mundial depende mucho más de los fertilizantes y de las cadenas logísticas de lo que muchos imaginaban.

Y mientras los barcos siguen detenidos en una de las rutas comerciales más estratégicas del planeta, una pregunta comienza a instalarse entre productores, empresas y gobiernos: ¿es posible seguir produciendo alimentos bajo el mismo modelo en un mundo cada vez más expuesto a crisis geopolíticas?

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