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El diésel ruso cambia de rumbo y deja a Brasil en tensión energética

Buques desviados en plena ruta reflejan el impacto del conflicto global en el abastecimiento de combustible y en los costos del mercado brasileño.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El mercado energético sumó un nuevo foco de tensión tras el desvío de cargamentos de diésel ruso que originalmente tenían como destino Brasil, en un contexto de suba de precios impulsada por el conflicto en Medio Oriente. La situación se registró en abril, cuando operadores y datos de LSEG confirmaron que al menos dos buques modificaron su ruta en plena travesía, un movimiento poco habitual que refleja cambios bruscos en la rentabilidad del comercio global.

Los cargamentos, compuestos por diésel de ultrabajo contenido de azufre (ULSD), habían sido embarcados en marzo desde el puerto de Primorsk, en el mar Báltico. Sin embargo, cuando ya habían recorrido gran parte del trayecto hacia Sudamérica, los compradores cambiaron y los buques fueron redirigidos hacia otros destinos con mejores márgenes.

Precios en alza y reconfiguración de flujos

El buque Flora 1, con cerca de 37.000 toneladas de diésel, navega ahora hacia el Canal de Suez, mientras que el Aurora -con un volumen similar- cambió rumbo en el Atlántico y se dirige hacia el estrecho de Gibraltar. A esto se suman otros dos petroleros con más de 100.000 toneladas que permanecen sin destino definido, lo que refuerza la incertidumbre en el mercado.

Este tipo de movimientos evidencia un cambio en la lógica comercial. Los operadores priorizan mercados con mayor rentabilidad inmediata, aprovechando la volatilidad generada por el escenario internacional. El hecho de que los cargamentos cambien de comprador en plena ruta muestra hasta qué punto la dinámica de precios está condicionando el flujo de combustibles.

Para Brasil, el impacto es directo. Aunque el país cuenta con producción local, depende de importaciones para cubrir entre el 20% y el 30% de su demanda de diésel, un insumo clave tanto para el transporte como para la actividad agroindustrial.

En paralelo, la presión sobre el sistema interno se intensifica. Seis de las once refinerías de Petrobras operan por encima de su capacidad, en un intento por compensar la volatilidad externa y sostener el abastecimiento.

Desde 2023, Rusia se consolidó como el principal proveedor de diésel para Brasil, reemplazando rápidamente a Estados Unidos tras las sanciones europeas. Este cambio reconfiguró los flujos globales y posicionó al mercado brasileño como un destino clave para el combustible ruso.

Los desvíos recientes dejan en evidencia la fragilidad de ese esquema. Con precios en alza y una competencia creciente por los cargamentos disponibles, el abastecimiento se vuelve más sensible a los movimientos del mercado internacional, con impacto potencial en costos logísticos, producción y precios internos.

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