Comercio internacional

Estados Unidos quiere más contenido propio en autos mexicanos y reabre la tensión comercial

Washington y México iniciaron negociaciones para modificar el T-MEC y el foco está puesto en las nuevas exigencias sobre autos y autopartes fabricados en la región.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

Estados Unidos y México comenzaron negociaciones formales para modificar reglas clave del T-MEC, el acuerdo comercial que regula el intercambio entre ambos países y Canadá, con un punto que ya genera fuerte tensión en la industria automotriz: Washington busca exigir un mayor contenido estadounidense en los vehículos producidos en México.

La discusión quedó oficialmente abierta este jueves durante una ronda de conversaciones en Ciudad de México, donde negociadores de ambos países iniciaron un proceso que podría redefinir parte del funcionamiento industrial y comercial de América del Norte.

Según trascendió, la administración estadounidense propuso endurecer las llamadas normas de origen, que determinan qué porcentaje de piezas y componentes debe fabricarse dentro de la región para acceder a beneficios arancelarios.

La novedad más relevante es que Estados Unidos pretende incorporar un requisito específico de contenido estadounidense dentro de automóviles y camiones ensamblados en México, una medida que no estaba contemplada en el esquema actual del T-MEC.

Aunque no se conoció públicamente el porcentaje exacto que busca imponer Washington, el planteo marca un cambio importante respecto a las reglas vigentes.

La industria automotriz vuelve al centro de la disputa comercial

El sector automotor aparece nuevamente como uno de los principales focos de disputa entre Estados Unidos y México debido al peso económico que tiene dentro del comercio regional.

El T-MEC y el antiguo TLCAN ayudaron durante décadas a construir una cadena de producción altamente integrada entre los tres países, con fábricas, autopartes y ensambladoras distribuidas estratégicamente en toda Norteamérica.

Actualmente, el acuerdo exige que entre 40% y 45% del valor de un vehículo se produzca en plantas con salarios más altos, principalmente en Estados Unidos y Canadá.

Dentro de esos requisitos se incluyen componentes considerados estratégicos, como motores, transmisiones, chasis y tableros.

Ahora, Washington busca ir más allá y aumentar directamente la participación de contenido estadounidense dentro de los vehículos fabricados en territorio mexicano.

El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, dejó clara la posición de la Casa Blanca al señalar que el objetivo es fortalecer la producción industrial estadounidense.

"Queremos aumentar el contenido estadounidense en estos productos", afirmó el funcionario.

Canadá quedó afuera de las conversaciones iniciales

Uno de los puntos que más llamó la atención en esta nueva etapa de negociaciones es la ausencia de Canadá en las conversaciones bilaterales entre Washington y Ciudad de México.

Según informó la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, están previstas tres rondas de reuniones bilaterales hasta fines de julio, sin participación canadiense en esta instancia inicial.

La exclusión genera interrogantes dentro del sector automotor norteamericano debido a la fuerte integración productiva existente entre los tres países.

Fabricantes y exportadores siguen de cerca las negociaciones porque cualquier modificación en las reglas de origen podría alterar costos, cadenas logísticas e inversiones industriales dentro de la región.

México se transformó durante los últimos años en uno de los principales centros de producción automotriz del continente gracias a menores costos laborales y una amplia red de exportación hacia Estados Unidos.

Por ese motivo, cualquier endurecimiento en las exigencias de contenido regional o estadounidense podría obligar a las terminales a rediseñar parte de sus cadenas de suministro.

Las negociaciones continuarán durante las próximas semanas y el resultado podría tener impacto directo sobre una relación comercial que mueve cerca de 1,6 billones de dólares anuales entre los países de Norteamérica.

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