La FAO alerta por una nueva suba global de los alimentos hacia fines de 2026
Conflictos geopolíticos, El Niño y el aumento de los costos agrícolas podrían impulsar una nueva escalada en los precios mundiales de los alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió que el mundo podría enfrentar una nueva ola de inflación alimentaria hacia finales de 2026. El economista jefe del organismo, Máximo Torero, señaló que la combinación de los conflictos en Irán y Ucrania, el fortalecimiento del fenómeno El Niño, el aumento del precio del petróleo y las restricciones sobre insumos estratégicos están creando un escenario que podría traducirse en mayores costos de producción y, con algunos meses de retraso, en alimentos más caros para consumidores de todo el mundo. Para América Latina, el escenario también plantea nuevos desafíos para productores y exportadores.
La presión sobre los costos comienza a trasladarse al campo
Según la FAO, el incremento de los costos de producción todavía no se refleja completamente en los precios de los alimentos, pero esa situación cambiaría durante los próximos meses. El petróleo más caro encarece el bombeo, el transporte, el procesamiento y el envasado de los alimentos, mientras que el gas natural, materia prima clave para la fabricación de fertilizantes, también registra mayores presiones por las tensiones geopolíticas. A esto se suma la escasez de diésel en algunos mercados y las dificultades logísticas derivadas de los conflictos bélicos.
Torero explicó que el traslado de los aumentos de los commodities agrícolas al precio final de los alimentos suele demorar entre tres y seis meses, por lo que el impacto comenzaría a sentirse hacia el cierre de este año y se profundizaría durante 2027. Aunque las cosechas recientes ayudaron a mantener relativamente estables los mercados internacionales, los riesgos climáticos y geopolíticos podrían modificar rápidamente ese escenario.
El Niño vuelve a encender las alarmas sobre la producción agrícola
Otro factor que preocupa a la FAO es la evolución de El Niño, que este año podría alcanzar una intensidad significativa y alterar los patrones de lluvias en distintas regiones productoras del mundo. India ya registra un retraso del monzón y precipitaciones por debajo del promedio, una situación que podría afectar la producción de arroz y repercutir sobre los mercados internacionales.
Al mismo tiempo, países exportadores relevantes también muestran señales de preocupación. Australia proyecta una reducción cercana al 21% en su producción de cultivos de invierno, debido al aumento del costo del combustible, los fertilizantes y la incertidumbre sobre la disponibilidad de insumos estratégicos. En Estados Unidos, productores de maíz y trigo comenzaron a modificar sus decisiones de siembra, inclinándose en algunos casos por la soja debido a sus menores requerimientos de fertilización.
América Latina podría enfrentar un escenario de mayores oportunidades y mayor volatilidad
Para América Latina, una recuperación de los precios internacionales podría representar una mejora en los ingresos por exportaciones agrícolas, especialmente para países como Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, grandes proveedores de soja, maíz y trigo. Sin embargo, ese beneficio podría verse parcialmente compensado por el aumento del costo de fertilizantes, combustibles y otros insumos indispensables para la producción.
La FAO también advierte que el deterioro de los márgenes económicos ya comienza a influir en las decisiones de inversión y de siembra en distintas regiones del mundo. En un contexto donde los costos aumentan más rápido que los ingresos, muchos productores enfrentan mayores dificultades para sostener la rentabilidad, una situación que podría limitar la oferta agrícola durante las próximas campañas.
El organismo considera que la combinación de conflictos geopolíticos, eventos climáticos extremos y mayores costos energéticos configura uno de los escenarios más complejos para la seguridad alimentaria desde la crisis inflacionaria de 2022. Si estas condiciones persisten, millones de personas podrían enfrentar un acceso más difícil a los alimentos, especialmente en los países con menores ingresos, mientras los mercados agrícolas volverán a transitar un período de elevada volatilidad.

