La FAO alerta que uno de cada cinco productos pesqueros se vende con etiquetas falsas
Un informe de la FAO advierte que al menos el 20% de los productos pesqueros y acuícolas presentan etiquetado incorrecto, con riesgos para la salud y el comercio.
Al menos el 20% de los productos pesqueros y acuícolas comercializados en el mundo presentan algún tipo de etiquetado incorrecto o fraudulento, según un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El organismo advirtió que esta práctica compromete la seguridad alimentaria, pone en riesgo la salud pública y erosiona la confianza de los consumidores en una de las cadenas agroalimentarias más relevantes del planeta.
La FAO recordó que la pesca y la acuicultura constituyen un sector estratégico para la alimentación mundial. En 2022, la producción global alcanzó los 185 millones de toneladas de pescado, mariscos y otros organismos acuáticos, con un valor estimado de US$ 195.000 millones, lo que refleja la magnitud económica de una actividad cuya trazabilidad resulta cada vez más compleja.
Las cadenas globales favorecen distintas modalidades de fraude
El informe explica que el comercio internacional involucra más de 12.000 especies y una extensa red de productores, procesadores, distribuidores e inspectores. La participación de múltiples actores y autoridades dificulta la verificación del origen y las características de los productos, especialmente cuando llegan a restaurantes, servicios de alimentación o alimentos procesados, donde la identificación de las especies es mucho más difícil.
Entre las irregularidades más comunes figura la sustitución de especies, una práctica mediante la cual un pescado de menor valor comercial se vende como si perteneciera a una especie más cotizada. También es frecuente el etiquetado engañoso, que altera información relacionada con el origen, el método de producción o las certificaciones del producto.
La FAO también identificó otras modalidades de fraude, como la adulteración mediante la incorporación de agua, colorantes u otros aditivos para modificar el aspecto del alimento; la falsificación de productos; el desvío de mercancías hacia mercados no autorizados; la producción por encima de los límites permitidos; el robo de cargamentos y la manipulación de fechas de vencimiento o certificaciones sanitarias.
Riesgos para la salud y pérdidas para toda la cadena
El organismo advierte que estas prácticas trascienden el impacto económico y pueden tener consecuencias directas sobre la salud de los consumidores. Los productos provenientes de fuentes no autorizadas o que eluden los controles oficiales pueden contener toxinas, alérgenos, microorganismos patógenos y otros contaminantes, aumentando el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.
Además de afectar la confianza del consumidor, el fraude alimentario perjudica a los productores y empresas que cumplen con las normas, distorsiona la competencia y debilita los sistemas de trazabilidad. Para la FAO, reforzar los controles, mejorar la transparencia en las cadenas de suministro y fortalecer los mecanismos de verificación será clave para garantizar la integridad del comercio mundial de productos pesqueros y acuícolas.

