Insumos Agrícolas

Los fertilizantes entran en una nueva era de costos altos y preocupan al agro mundial

La escasez de materias primas, las restricciones comerciales y el déficit de fosfatos amenazan con mantener elevados los costos agrícolas durante años.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

El mercado mundial de fertilizantes atraviesa uno de los períodos de mayor incertidumbre de los últimos años y los analistas advierten que los altos precios podrían mantenerse durante un período mucho más prolongado del previsto. A los efectos que todavía genera la guerra entre Rusia y Ucrania se suman ahora las tensiones en Medio Oriente, la escasez de materias primas estratégicas, nuevas restricciones comerciales y una menor disponibilidad de fosfatos, factores que incrementan los costos de producción y reducen los márgenes de rentabilidad de millones de agricultores.

El escenario se agravó durante este año tras la interrupción parcial del comercio en torno al Estrecho de Ormuz, una ruta por la que circula cerca de una cuarta parte del comercio mundial de amoníaco. La incertidumbre sobre el tránsito marítimo disparó las cotizaciones internacionales de numerosos fertilizantes y volvió a poner en evidencia la elevada dependencia que tiene el mercado global de un reducido grupo de países productores.

Desde The Fertilizer Institute (TFI) sostienen que la oferta continúa siendo extremadamente limitada y que, aun cuando las condiciones geopolíticas mejoraran rápidamente, la normalización del mercado demandaría entre un año y medio y dos años, debido al tiempo necesario para recuperar inventarios, reparar instalaciones industriales y restablecer las cadenas logísticas.

Cinco factores explican por qué los costos seguirán bajo presión

El primero de ellos es la escasez mundial de azufre, una materia prima indispensable para producir ácido sulfúrico, insumo clave en la elaboración de fertilizantes fosfatados. Aproximadamente la mitad de las exportaciones globales provienen de Medio Oriente y las dificultades para abastecer ese mercado provocaron un salto histórico de los precios.

El valor internacional del azufre pasó de ubicarse entre US$ 100 y US$ 200 por tonelada hace pocos años a superar los US$ 1.300, una suba que elevó significativamente los costos de fabricación de fertilizantes en todo el mundo. Además, varios países comenzaron a restringir las exportaciones para asegurar el abastecimiento interno, reduciendo aún más la oferta disponible.

El segundo elemento que mantiene la presión sobre el mercado son las restricciones comerciales. China suspendió las exportaciones de ácido sulfúrico y mantiene limitadas las ventas externas de distintos fertilizantes fosfatados. Rusia también restringió las autorizaciones para exportar azufre, mientras que Turquía, Irán, Egipto y Kazajistán implementaron medidas similares para proteger sus mercados domésticos.

A ello se suma el deterioro de la producción de amoníaco, principal componente de los fertilizantes nitrogenados. Las guerras, los ataques a instalaciones industriales y la escasez de gas natural redujeron la actividad de decenas de plantas ubicadas en Medio Oriente, Rusia y el sur de Asia, disminuyendo la disponibilidad global del producto.

Otro punto de preocupación es la situación de Rusia. Aunque continúa siendo uno de los mayores exportadores de urea, fosfatos procesados y potasa, parte de su infraestructura industrial sufrió daños durante el conflicto con Ucrania. Pese a ello, el país mantiene un rol central en el comercio internacional y continúa abasteciendo a numerosos mercados, entre ellos Estados Unidos.

El déficit de fosfatos aparece como el desafío más complejo para el futuro

Más allá de los conflictos internacionales, la mayor preocupación de la industria se concentra en la menor producción de fosfatos en Estados Unidos, un problema estructural que podría prolongarse durante varios años. Según especialistas del sector, la caída no responde a una menor extracción minera, sino a la disminución del contenido de fósforo presente en la roca explotada, lo que reduce el volumen final de fertilizante obtenido.

Entre 2019 y 2026 la producción estadounidense perdió alrededor de 100.000 toneladas cortas, obligando al país a incrementar las importaciones para cubrir la demanda interna. Esta dependencia coincide con un crecimiento sostenido del consumo mundial de fertilizantes fosfatados, impulsado principalmente por Asia y Sudamérica, donde la expansión agrícola continúa elevando las necesidades de nutrientes.

La concentración de la producción mundial también incrementa la vulnerabilidad del mercado. China, Marruecos y Rusia dominan buena parte de la oferta global, por lo que cualquier modificación en sus políticas comerciales o problemas de abastecimiento repercute inmediatamente sobre los precios internacionales.

En paralelo, la industria observa con expectativa el plan del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) para fortalecer la fabricación nacional mediante una inversión de US$ 500 millones destinada al desarrollo de nuevas plantas de fertilizantes. Sin embargo, los especialistas coinciden en que esos proyectos tardarán varios años en entrar en funcionamiento y difícilmente generen un alivio inmediato para los productores.

En el mercado de la urea, el panorama resulta algo más favorable gracias a que Estados Unidos mantiene inventarios suficientes y continúa recibiendo embarques desde proveedores alternativos. Además, la reaparición de China como exportador podría aportar un mayor volumen al comercio internacional durante los próximos meses y moderar parcialmente las subas de precios.

Aun así, los analistas consideran que la volatilidad seguirá siendo una característica permanente del mercado. La combinación de conflictos geopolíticos, restricciones a las exportaciones, dificultades logísticas y una oferta limitada obliga a los productores a planificar cuidadosamente sus compras y optimizar el uso de fertilizantes mediante análisis de suelo y estrategias de aplicación más eficientes.

Para el sector agropecuario, la principal conclusión es clara: el costo de los fertilizantes dejó de depender exclusivamente de las guerras y pasó a responder a una serie de desequilibrios estructurales cuya resolución demandará varios años. Mientras esos factores persistan, la presión sobre los costos de producción continuará siendo uno de los mayores desafíos para la agricultura mundial.

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