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FMI alerta sobre una nueva era de crisis permanentes y enciende señales para el agro global

La titular del FMI alertó sobre crisis cada vez más frecuentes y advirtió riesgos para la economía y el agro global.

Gabriela Mendoza
Periodista especializada en agroindustria y comercio internacional. Analiza exportaciones, cadenas de valor y el impacto de políticas públicas en la competitividad del agro en América Latina.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió este 8 de junio que el mundo debe prepararse para una etapa marcada por crisis recurrentes y choques cada vez más frecuentes. La declaración fue realizada durante una entrevista con Bloomberg y cobra relevancia porque llega en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica, desaceleración económica y tensiones comerciales que afectan directamente a las cadenas de valor agroalimentarias, los flujos comerciales y las inversiones productivas en todo el mundo.

Georgieva sostuvo que los gobiernos, las empresas y los organismos internacionales todavía no han internalizado que la economía global ingresó en una nueva fase donde las crisis ya no serán excepciones, sino eventos recurrentes.

"No vamos a llegar a un punto en el que los choques hayan desaparecido", afirmó la máxima responsable del FMI, quien desde 2019 ha debido gestionar algunas de las mayores turbulencias económicas de las últimas décadas: la pandemia de Covid-19, la guerra entre Rusia y Ucrania, las tensiones arancelarias entre potencias y el actual conflicto en Medio Oriente.

Según la funcionaria, la clave para enfrentar este escenario pasa por fortalecer instituciones, mejorar la coordinación internacional y construir economías más resilientes frente a eventos inesperados.

Las advertencias del FMI tienen una lectura directa para el sector agroindustrial. La agricultura global depende cada vez más de cadenas logísticas complejas, acceso al financiamiento, estabilidad comercial y previsibilidad en los mercados internacionales.

Cada crisis geopolítica genera efectos inmediatos sobre los precios de los commodities agrícolas, los costos energéticos, los fertilizantes, los seguros de transporte y la logística de exportación.

Para América Latina, una de las principales regiones exportadoras de alimentos del mundo, los conflictos internacionales pueden modificar los flujos comerciales, alterar los precios FOB y CIF y redefinir oportunidades de mercado para productos como soja, maíz, trigo, carne bovina, café, frutas y azúcar.

Además, la creciente variabilidad climática agrega una capa adicional de incertidumbre para productores y exportadores.

Otro de los temas centrales abordados por Georgieva fue el avance de la inteligencia artificial y sus efectos sobre los mercados laborales.

La titular del organismo reconoció que durante el proceso de globalización muchas comunidades quedaron rezagadas mientras la economía mundial crecía. Por eso, insistió en que los errores del pasado no deben repetirse con la revolución tecnológica que impulsa la IA.

"No apreciamos suficientemente la reacción contra la globalización", señaló, en referencia a la pérdida de empleos en determinados sectores y regiones.

En el ámbito agropecuario, la agricultura digital, la automatización y las herramientas de inteligencia artificial prometen aumentar la productividad y mejorar la trazabilidad. Sin embargo, también plantean desafíos vinculados con la capacitación laboral, la conectividad rural y el acceso equitativo a la tecnología.

El FMI actualizará en julio sus perspectivas para la economía mundial. La revisión llega después de que el organismo redujera en abril sus previsiones de crecimiento debido a las consecuencias económicas derivadas de los conflictos internacionales y la volatilidad de los mercados energéticos.

Para los países exportadores de materias primas y alimentos, estas proyecciones son seguidas de cerca porque influyen sobre las expectativas de inversión, demanda internacional y consumo global.

Una menor expansión económica suele traducirse en una desaceleración del comercio mundial, afectando tanto a las exportaciones agroalimentarias como a los precios internacionales de los commodities.

Georgieva también se refirió a la situación de Rusia y a la complejidad de retomar las evaluaciones económicas periódicas que realiza el FMI. La funcionaria recordó que el organismo tuvo que postergar análisis sobre la economía rusa debido a las dificultades para acceder a información confiable sobre comercio exterior, importaciones y exportaciones.

Mientras tanto, el Fondo continúa respaldando financieramente a Ucrania mediante programas vinculados a reformas estructurales y estabilidad macroeconómica.

La continuidad de estos conflictos mantiene en alerta a los mercados internacionales y refuerza la preocupación expresada por el FMI: la economía global deberá acostumbrarse a convivir con escenarios de incertidumbre prolongada.

La advertencia de Georgieva representa una señal de atención para América Latina. En una región donde el agro constituye uno de los principales motores de generación de divisas, empleo e inversión, fortalecer la resiliencia productiva será clave para sostener la competitividad.

Diversificación de mercados, innovación tecnológica, infraestructura logística, sustentabilidad y mayor integración regional aparecen como herramientas fundamentales para enfrentar un escenario global donde los shocks económicos, climáticos y geopolíticos podrían convertirse en la nueva normalidad.

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