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El alza del crudo impacta combustibles y amenaza al agro regional.

Sube el petróleo y golpea costos logísticos y agrícolas en Latam. Gobiernos reaccionan con subsidios e impuestos ante riesgo inflacionario.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

El 6 de abril de 2026, el alza internacional del petróleo comenzó a trasladarse a los precios de los combustibles en América Latina, generando impactos desiguales en la inflación, las cuentas públicas y la actividad productiva. El encarecimiento de la gasolina y el diésel importa especialmente para el agro porque incrementa los costos logísticos, presiona los precios de los alimentos y afecta la competitividad de las exportaciones agroalimentarias.

El fenómeno se da en un contexto donde la mayoría de los países de la región presentan alta dependencia de la importación de derivados y limitada capacidad de refinación, lo que amplifica el traslado del precio internacional del crudo a las economías locales. En este escenario, los flujos comerciales agroalimentarios enfrentan mayores costos FOB y tensiones en toda la cadena de valor.

El alza del crudo impacta combustibles y amenaza al agro regional.

En este marco, los precios de los combustibles ya reflejan fuertes diferencias dentro de la región, lo que condiciona la competitividad logística y productiva del agro:

PaísPrecio litro (US$)Precio galón (US$)
Uruguay1,8927,562
Perú1,5956,036
México1,5505,866
Argentina1,5325,798
Chile1,5275,154
Guatemala1,4025,308
Costa Rica1,3635,160
R. Dominicana1,3415,077
Nicaragua1,3345,050
Jamaica1,3204,995
Cuba1,2954,901
Surinam1,2934,894
Brasil1,2734,817
Honduras1,2464,716
Puerto Rico1,2094,577
Curazao1,2094,577
Panamá1,1454,335

Las brechas de precios muestran cómo los costos energéticos no son homogéneos en América Latina, lo que genera ventajas y desventajas competitivas entre países exportadores de commodities agrícolas, especialmente en términos de logística y transporte.

El impacto no es homogéneo. En países importadores netos de energía, el aumento del petróleo reduce el ingreso real, limita el margen de política económica y enfría la demanda interna. En tanto, en economías exportadoras, el efecto puede ser dual: mayores ingresos fiscales por exportaciones de crudo, pero también mayores costos internos por combustibles y derivados.

En el plano fiscal, el rol de los subsidios resulta determinante. En países que mantienen esquemas de subsidios, el impacto se amortigua para consumidores y productores, pero aumenta la presión sobre las cuentas públicas. En contraste, donde estos mecanismos se han reducido o eliminado, el traslado a precios es más rápido, con efectos directos sobre la inflación y el crecimiento.

El alza del crudo impacta combustibles y amenaza al agro regional.

Para el sector agropecuario, el encarecimiento energético se transmite de forma directa. El aumento del diésel impacta en labores de siembra y cosecha, el uso de maquinaria, el transporte de insumos y la distribución de productos, además de encarecer fertilizantes y otros insumos derivados del petróleo. Esto repercute en toda la estructura de costos del sistema agroalimentario.

En términos logísticos, el impacto es inmediato. El transporte de carga, clave en la competitividad exportadora de América Latina, absorbe gran parte del aumento de los combustibles, lo que termina trasladándose a los precios finales y reduciendo márgenes en mercados internacionales cada vez más exigentes.

Los gobiernos de la región comenzaron a implementar medidas para contener el impacto. Brasil avanzó con exenciones impositivas y asistencia al sector del diésel; México reforzó subsidios para amortiguar la inflación; Argentina optó por suspender aumentos en impuestos a los combustibles; mientras que Chile trasladó con mayor rapidez el incremento a precios internos. En Perú, se anunciaron controles para evitar distorsiones en el mercado.

El alza del crudo impacta combustibles y amenaza al agro regional.

Estas respuestas reflejan el delicado equilibrio entre contener el impacto social y preservar la sostenibilidad fiscal, en un contexto donde el aumento de los combustibles no solo afecta al consumidor, sino también a sectores estratégicos como el agro, el transporte y la industria.

A nivel estructural, la región enfrenta limitaciones en infraestructura energética y logística. La falta de capacidad de refinación, junto con deficiencias en infraestructura portuaria y vial, incrementa los costos de exportación y reduce la eficiencia de las cadenas agroalimentarias. Esta situación limita la capacidad de aprovechar plenamente la ventaja comparativa de América Latina como proveedor global de alimentos.

Además, el encarecimiento de los combustibles tiene efectos inflacionarios amplios. El aumento en los costos de transporte y logística se traslada rápidamente a los precios de los alimentos, generando presiones adicionales en economías donde la inflación ya presenta niveles elevados o expectativas inestables.

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