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¿Qué significa un mercado energético más frágil para los costos y la rentabilidad del agro en América Latina?

El FMI advirtió que se están agotando los factores que evitaron una escalada mayor del petróleo. El agro regional podría enfrentar mayores costos de producción, logística y exportación.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió este martes 15 de julio que los factores que permitieron amortiguar el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre el mercado petrolero comienzan a agotarse, reduciendo la capacidad de respuesta de la economía global frente a nuevos shocks energéticos. La advertencia adquiere una relevancia especial para América Latina, una de las principales regiones exportadoras de alimentos del mundo, donde la energía representa un componente central en los costos de producción, la logística y la competitividad de las cadenas de valor agroalimentarias.

De acuerdo con el informe elaborado por los economistas Jean-Marc Natal y Azim Sadikov, el mercado logró absorber la mayor interrupción del suministro petrolero en décadas gracias a tres factores: una menor demanda global, especialmente en Asia; un aumento de la producción fuera del Golfo Pérsico; y el uso intensivo de inventarios estratégicos y comerciales. Sin embargo, el FMI sostiene que gran parte de ese margen de maniobra ya fue utilizado, dejando al sistema energético internacional más expuesto a nuevos episodios de volatilidad.

El FMI advierte que el mercado petrolero perdió margen de maniobra ante nuevos shocks energéticos.

La interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz retiró del mercado alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalentes a una quinta parte del consumo mundial. Aun así, los precios lograron estabilizarse temporalmente en un rango de entre US$90 y US$100 por barril. El problema, según el organismo, es que la recuperación de los flujos energéticos será gradual y las reservas mundiales se encuentran en niveles cada vez más ajustados.

¿Cómo impacta este escenario en el agro latinoamericano?

Para el sector agropecuario, el petróleo es mucho más que una referencia financiera. Los combustibles impulsan la maquinaria agrícola, determinan buena parte de los costos logísticos e influyen directamente en la producción de fertilizantes nitrogenados, un insumo clave para la producción de granos en la región.

Un escenario de mayores precios energéticos podría traducirse en incrementos del gasoil, mayores costos de transporte y subas en los precios de los insumos agrícolas, afectando especialmente a los productores de soja, maíz, trigo y cultivos intensivos. La situación adquiere mayor relevancia en un contexto de variabilidad climática, presión financiera y márgenes más ajustados.

El impacto también podría sentirse en el comercio exterior. La logística de exportación depende fuertemente de la estabilidad de los costos energéticos, desde el transporte terrestre hasta los fletes marítimos y los seguros de navegación.

¿Qué significa un mercado energético más frágil para los costos y la rentabilidad del agro en América Latina?

Para América Latina, que desempeña un papel estratégico en la seguridad alimentaria global, un petróleo más caro podría elevar los costos FOB de numerosos productos agroalimentarios y reducir la competitividad exportadora frente a otros proveedores internacionales. Las limitaciones de infraestructura portuaria y vial que todavía enfrenta parte de la región podrían amplificar estos efectos.

Riesgos, pero también oportunidades

El nuevo escenario también abre oportunidades para algunos segmentos. Un petróleo más elevado podría mejorar la competitividad relativa de los biocombustibles, impulsando la demanda de etanol y biodiésel, sectores donde varios países latinoamericanos cuentan con ventajas comparativas y capacidad de expansión.

Asimismo, la coyuntura vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de avanzar en tecnificación, agricultura digital, eficiencia energética, trazabilidad y estrategias de sustentabilidad, herramientas fundamentales para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y fortalecer la resiliencia de las cadenas agroalimentarias.

La advertencia del FMI deja un mensaje claro: el mundo dispone hoy de menos herramientas para enfrentar una nueva crisis energética. Para los productores agropecuarios de América Latina, la evolución del precio del petróleo vuelve a convertirse en una variable estratégica, capaz de influir directamente sobre la rentabilidad, las decisiones de inversión y la competitividad del sector en los mercados globales.

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