América Latina

El acuerdo Mercosur-UE reaviva tensiones: Europa duda, Sudamérica acelera

Mientras Bruselas busca cerrar el pacto tras 25 años de espera, Irlanda y Francia alertan por el impacto en su agro y el avance de la carne sudamericana.

El histórico acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur -bloque integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay- avanza hacia su ratificación definitiva, pero despierta viejos temores en Europa.
Aunque promete rebajar aranceles, abrir mercados y fortalecer vínculos políticos, el tratado enfrenta el rechazo de productores agropecuarios en Irlanda y Francia, que temen ser desplazados por la carne sudamericana, más barata y con menores restricciones productivas.

El texto prevé que solo 99.000 toneladas de carne bovina del Mercosur ingresen con aranceles reducidos, la mitad de lo que Europa importa cada año. Aun así, las organizaciones rurales irlandesas advierten que esa cuota podría presionar los precios internos y "destruir años de recuperación del sector".

Para contener la tensión, la Comisión Europea incorporó una cláusula de salvaguarda que suspendería los beneficios si los precios caen más del 10 % respecto de los domésticos, además de un fondo de emergencia para compensar a los agricultores. Pero las medidas no convencen: el malestar en el campo europeo crece y amenaza con frenar la ratificación.

El pacto también enfrenta críticas por su impacto ambiental.
Organizaciones ecologistas alertan sobre la deforestación amazónica, el uso de agroquímicos y la falta de garantías laborales, mientras Bruselas promete auditorías para garantizar que las exportaciones del Mercosur cumplan con los estándares de sostenibilidad europeos.

Desde el otro lado del Atlántico, la lectura es opuesta.
Para Brasil y Argentina, el acuerdo representa una vía directa hacia los mercados más ricos del mundo, con oportunidades para el sector agroindustrial, el vino, la biotecnología y la energía renovable.
"El pacto puede equilibrar el comercio con Europa y reducir la dependencia de Asia", señalan analistas regionales.

En Irlanda, el tema es también político: el Programa de Gobierno incluye el compromiso de "oponerse al acuerdo actual" para proteger al agro local.
Sin embargo, en Bruselas crece la sensación de que la paciencia se agota.
Después de 25 años de idas y vueltas, la Comisión Europea no quiere volver a empezar. Y Sudamérica, con el impulso de Brasil y Argentina, ya mira hacia adelante.

Agrolatam.com
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