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México analiza cambiar la gasolina y ahorrar miles de millones al año

El uso de etanol como aditivo gana terreno frente al encarecimiento del petróleo y podría reducir costos y dependencia externa.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

México puso en evaluación un cambio estructural en la composición de sus gasolinas que podría generar ahorros de hasta 30,000 millones de pesos al año, al considerar la incorporación de etanol como oxigenante en reemplazo parcial del MTBE, un aditivo que hoy se importa casi en su totalidad. La discusión toma fuerza en 2026, con el petróleo nuevamente por encima de los 100 dólares por barril y una presión creciente sobre los costos energéticos.

El país consume más de 840.000 barriles diarios de gasolina, entre regular y premium. Esa escala convierte cualquier ajuste en su formulación en una decisión de peso para la economía. El foco está puesto en los oxigenantes, insumos que elevan el octanaje. Hoy, el MTBE ocupa ese lugar, con una fuerte dependencia de compras externas, principalmente desde Estados Unidos.

La alternativa que cobra fuerza es el etanol. Su costo de producción es considerablemente más bajo, lo que abre una ventana de ahorro. La diferencia entre ambos insumos ronda el 67%. Trasladada al volumen de consumo nacional, esa brecha se traduce en miles de millones de pesos.

La propuesta técnica apunta a incorporar etanol en una proporción del 10%, conocida como mezcla E10. Ese nivel permitiría reducir costos sin alterar de manera significativa la infraestructura actual. Si se avanzara hacia mezclas más altas, como E20, los ahorros podrían duplicarse, aunque el debate aún se mantiene en una etapa inicial.

El punto de fondo no es solo económico. Sustituir el MTBE implica reducir la exposición a insumos importados y abrir espacio para una producción local de biocombustibles. El etanol puede elaborarse a partir de caña de azúcar, maíz, sorgo o residuos agrícolas, lo que conecta la discusión energética con el desarrollo del agro.

Ese vínculo ya empieza a tomar forma en proyectos concretos. En Tamaulipas, se impulsa una planta con capacidad para procesar más de 1,2 millones de toneladas de granos al año y producir cerca de 890.000 litros diarios de etanol. Este tipo de inversiones marca el ritmo de una posible transformación en la cadena productiva.

El cambio también exige ajustes normativos. Hoy, el uso de etanol está limitado a un 5,8% y no está permitido en grandes centros urbanos como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Modificar esos límites requiere revisar la regulación vigente y definir nuevas condiciones para el mercado de combustibles.

La discusión ya se instaló en el ámbito técnico y político. No se trata únicamente de reducir emisiones o cumplir objetivos ambientales. El etanol aparece como una herramienta para bajar costos, fortalecer la producción local y reconfigurar la relación entre energía y agroindustria.

El resultado de ese debate definirá si México avanza hacia un modelo con mayor integración entre el campo y el sistema energético, o si mantiene la dependencia de insumos externos en un mercado cada vez más expuesto a la volatilidad internacional.

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