Nicaragua no logra salir del retroceso agrícola y crece la alarma exportadora
El nuevo plan productivo 2026-2027 confirma caídas en granos, café y maní, mientras el país depende cada vez más del oro, la carne y los altos precios internacionales.
La producción agrícola de Nicaragua continúa mostrando señales de retroceso estructural. Así quedó reflejado en el Plan Nacional de Producción, Consumo y Comercio 2026-2027, presentado por el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes, ante la Asamblea Nacional. El informe confirma que varios de los principales cultivos del país aún no recuperan los niveles previos a la crisis sociopolítica de 2018, un dato que preocupa porque el agro sigue siendo uno de los motores centrales de las exportaciones y de la seguridad alimentaria nicaragüense.
Las metas oficiales muestran reducciones o estancamiento en rubros estratégicos como maíz, frijol, sorgo, café, maní y cacao, mientras que el crecimiento de los ingresos externos depende cada vez más del aumento de los precios internacionales y no de una mayor capacidad productiva.
Menos granos y más dependencia de los precios internacionales
Uno de los puntos más sensibles del informe es la caída en la producción de granos básicos. El maíz, alimento esencial para el mercado interno, proyecta una producción de apenas 6.26 millones de quintales, muy por debajo de los más de 9 millones registrados en 2017.
El frijol rojo, otro cultivo central en la dieta nicaragüense, también retrocede. Pasó de producir cerca de 4 millones de quintales en 2017 a una meta de apenas 3.29 millones de quintales para el nuevo ciclo.
El deterioro también alcanza al sorgo, utilizado principalmente en la industria avícola, cuya producción caería a menos de 400 mil quintales. El maní, uno de los productos agroexportables más importantes, bajaría de 4.10 millones a 3.44 millones de quintales.
El café -uno de los pilares históricos de las exportaciones del país- tampoco logra despegar. Aunque la meta oficial para el nuevo ciclo apunta a 3 millones de quintales, el sector sigue mostrando una recuperación lenta respecto a los años previos a la crisis política y económica.
El propio Gobierno reconoce que buena parte del crecimiento esperado en ingresos externos se sustenta en el incremento de los precios internacionales del café, la carne y el oro. Es decir, la mejora económica no proviene necesariamente de una expansión productiva real, sino del valor actual de las materias primas en los mercados globales.
El agro sostiene las exportaciones, pero pierde capacidad productiva
Pese a las dificultades productivas, el sector agropecuario continúa siendo clave para el ingreso de divisas. Según los datos oficiales, el oro, el café y la carne representaron cerca del 73 % de los ingresos por exportaciones del régimen general durante el último año.
El informe también advierte que el país se vuelve más vulnerable frente a eventuales caídas en los precios internacionales. Economistas locales señalan que la dependencia de unos pocos productos y del contexto externo aumenta el riesgo para la estabilidad económica de Nicaragua.
En el caso del café, por ejemplo, los ingresos podrían crecer más de 150 % gracias a los valores récord del mercado internacional, aunque el volumen exportado apenas tendría un incremento moderado.
Mientras tanto, el Gobierno mantiene expectativas de crecimiento apoyadas en mejores precios y mayor demanda internacional, especialmente para carne bovina y productos agroexportables. Sin embargo, los datos productivos muestran un escenario diferente: el agro nicaragüense todavía no logra recuperar la capacidad que tenía antes de 2018.
La situación genera preocupación en sectores vinculados a la producción y al comercio exterior, ya que el estancamiento agrícola ocurre en un contexto donde otros países de la región avanzan en competitividad, tecnificación y apertura de mercados.
En el caso de Nicaragua, el desafío no solo pasa por mejorar los ingresos por exportaciones, sino también por recuperar productividad, fortalecer la producción interna y reducir la dependencia de factores externos para sostener el crecimiento económico.

