Clima

Sequía golpea al ganado en Nicaragua: mueren reses y cae la producción de leche

La falta de lluvias seca pasturas y fuentes de agua, reduce el peso del ganado y obliga a los productores a elevar costos para sostener sus rodeos.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

La sequía que atraviesa Nicaragua durante el actual período lluvioso de 2026 comenzó a provocar muerte de ganado y pérdidas productivas, especialmente entre establecimientos ubicados en el corredor seco y el occidente del país. Productores advierten que la falta de agua y pasturas está reduciendo la producción de carne y leche, mientras datos del Banco Central de Nicaragua (BCN) muestran menores volúmenes de leche acopiada y una caída en el peso promedio de los animales enviados a faena.

La situación resulta particularmente delicada porque las dificultades aparecen en plena temporada que debería garantizar la recuperación de pasturas y reservas de agua. La irregularidad de las precipitaciones está dejando zonas con varias semanas de déficit hídrico, obligando a los ganaderos a buscar fuentes alternativas para abrevar los animales y complementar la alimentación con concentrados y otros insumos que elevan los costos de producción.

Pequeños productores del occidente nicaragüense comenzaron incluso a reportar la muerte de animales afectados por la combinación de escasez de agua, altas temperaturas y deshidratación. Las advertencias se registran, entre otras zonas, en comunidades de Chinandega y Las Segovias, mientras el corredor seco aparece como una de las regiones más expuestas.

El problema no se limita a la disponibilidad de agua. Con menos humedad, las pasturas pierden volumen y calidad, el ganado reduce su consumo y comienza a perder condición corporal. Para los establecimientos dedicados a leche, el impacto puede sentirse rápidamente sobre los litros obtenidos por vaca; en los sistemas de carne, la consecuencia se refleja en menores ganancias de peso y animales más livianos al momento de la comercialización.

Menos leche y animales más livianos muestran el impacto productivo

Los datos oficiales ya permiten observar parte de ese deterioro. Según cifras del Banco Central de Nicaragua, entre enero y mayo las plantas industriales y artesanales certificadas acopiaron 72,73 millones de galones de leche, aproximadamente 3,70 millones menos que durante el mismo período del año anterior.

La caída equivale a cerca del 4,8% interanual y adquiere mayor relevancia porque habría comenzado antes de que se profundizaran los problemas del período lluvioso. Si la disponibilidad de agua y alimento continúa deteriorándose, los productores temen que la presión sobre la producción láctea pueda extenderse durante los próximos meses.

La ganadería de carne también presenta indicadores que preocupan al sector. Los reportes del BCN citados por la prensa nicaragüense muestran una disminución del peso promedio de las reses sacrificadas en los primeros cinco meses del año.

En las plantas industriales, los animales procesados registraron un peso promedio 10,2 kilos inferior al del mismo período de 2025. Una situación semejante se observó en los mataderos artesanales, donde la reducción también superó los 10 kilos por animal.

Esta pérdida individual tiene un efecto directo sobre toda la cadena: para obtener un volumen de carne similar, es necesario procesar una mayor cantidad de animales. Entre enero y mayo de 2025 se habían sacrificado unas 338.500 reses, mientras que durante el mismo período de 2026 la cifra habría aumentado hasta 381.300 cabezas, unas 42.800 más.

El aumento de la faena combinado con menores pesos genera otra preocupación: una mayor extracción del rodeo durante 2026 podría reducir la disponibilidad futura de animales, especialmente si las condiciones climáticas retrasan la recuperación de los campos.

Sequía y gusano barrenador elevan la presión sobre las fincas

A la falta de agua se suma otro problema sanitario. Reportes agrometeorológicos elaborados por el Ministerio Agropecuario y el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales señalaron presencia de gusano barrenador del ganado en distintas comunidades, incluidas áreas pertenecientes al corredor seco.

La combinación resulta especialmente compleja para establecimientos pequeños y medianos. Un animal debilitado por falta de alimento y agua puede requerir mayor atención sanitaria, mientras los productores deben destinar recursos adicionales a suplementación, vitaminas, tratamientos veterinarios y medidas preventivas.

Menos kilos producidos y mayores gastos por cabeza deterioran el margen económico de las explotaciones, una ecuación que puede profundizarse si las lluvias no permiten recomponer rápidamente las pasturas.

El corredor seco concentra buena parte de la preocupación. Estudios del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola han identificado dentro de esa franja municipios de departamentos como Matagalpa, Nueva Segovia, Madriz, Estelí, León y Chinandega, aunque los problemas de déficit hídrico también pueden alcanzar otras áreas productivas.

La falta de precipitaciones tiene además consecuencias que trascienden las explotaciones ganaderas. La reducción del caudal de ríos, manantiales y pozos puede afectar simultáneamente el abastecimiento de las comunidades rurales y la disponibilidad de agua para los animales, aumentando la competencia por un recurso esencial.

El comportamiento de las lluvias durante las próximas semanas será determinante. Una recuperación sostenida permitiría mejorar las pasturas y aliviar parte de la presión sobre los rodeos, pero el daño acumulado en peso, producción de leche y costos de alimentación ya comienza a reflejarse en las estadísticas productivas.

Para la ganadería nicaragüense, el desafío será atravesar el resto de 2026 evitando una mayor pérdida de animales y de capacidad productiva. Si la disponibilidad de agua continúa limitada, la combinación de sequía, menor peso del ganado, caída de la producción láctea y presión sanitaria podría convertirse en uno de los principales riesgos para el sector durante el segundo semestre.

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