Biocombustibles: crecen cultivos de baja huella y se expande la siembra en Argentina
La siembra de cultivos sustentables crece con fuerza y abre oportunidades para mejorar rindes, sumar valor y abastecer la demanda global.
El 27 de abril de 2026, la compañía agroindustrial Bunge informó que alcanzó en Argentina 90.000 hectáreas sembradas con cultivos de baja huella de carbono, distribuidas en más de 1.000 lotes en ocho provincias, con destino a la producción de biocombustibles de segunda generación. El avance responde a la creciente demanda internacional de energías renovables y resulta clave porque posiciona al campo argentino en una cadena de valor estratégica, combinando rentabilidad, sustentabilidad y agregado de valor.
La superficie implantada con cultivos como colza, cártamo y camelina logró triplicarse frente a la campaña anterior, evidenciando un cambio de paradigma en la producción agrícola. Según detalló la compañía, los aceites obtenidos entre diciembre y enero ya fueron exportados hacia Europa, donde serán utilizados en la elaboración de biocombustibles, en un contexto donde las políticas de descarbonización impulsan una demanda sostenida de materias primas con trazabilidad y certificación ambiental.
De barbechos a "puentes verdes con cosecha"
Uno de los cambios más relevantes que impulsa Bunge es la incorporación de estos cultivos en reemplazo de barbechos, transformando períodos improductivos en ciclos activos dentro del esquema productivo. Esta estrategia permite generar ingresos adicionales y, al mismo tiempo, mejorar la eficiencia del sistema agrícola.
Estos esquemas funcionan como verdaderos "puentes verdes con cosecha", ya que contribuyen a la fijación de carbono, la mejora de la estructura del suelo y la optimización de la rotación. Desde la compañía destacaron que este enfoque se apoya en un trabajo técnico intensivo que incluye muestreos de suelo, análisis de carbono y generación de mapas de nutrientes, herramientas clave para certificar emisiones y optimizar el manejo agronómico.
En ese sentido, desde el área de nuevos negocios señalaron que algunos lotes incluso lograron demostrar efectos positivos en la captura de carbono, consolidando un diferencial competitivo en mercados internacionales cada vez más exigentes en términos de sustentabilidad.
Diversificación productiva y oportunidades para el agro
Desde el punto de vista económico, el esquema promovido por Bunge aporta nuevas alternativas que permiten mejorar la rentabilidad del productor y diversificar riesgos dentro de los agronegocios. La inclusión de especies adaptadas a distintas regiones y rotaciones favorece la estabilidad del sistema frente al cambio climático y la volatilidad del precio de los granos.
Además, estos cultivos cumplen un rol estratégico como antecesores de los cultivos de verano, mejorando los rindes posteriores y fortaleciendo la eficiencia de la cadena de valor. La compañía también impulsa alianzas para el desarrollo genético -incluyendo híbridos y semillas adaptadas- con el objetivo de optimizar resultados productivos en diferentes zonas del país.
El crecimiento de este modelo productivo también impacta en el valor agregado local, ya que los cultivos se transforman en aceites dentro del país y los subproductos se destinan a la alimentación animal, reforzando la integración de la cadena agroindustrial y abriendo nuevas oportunidades para el agro argentino en los mercados globales.

