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Dólar y reservas: el nuevo esquema cambiario arranca 2026 y el agro mira de reojo

Desde enero, el dólar oficial se moverá dentro de bandas que se ajustan por inflación. El Gobierno busca sumar reservas sin desarmar el ancla cambiaria, en un esquema donde el ingreso de dólares del agro vuelve a ser decisivo.

AgroLatam
Red de periodistas especializados en agroindustria y agroalimentación en LATAM. Cobertura integral del ecosistema agropecuario.

El arranque de 2026 trae un cambio relevante en la política cambiaria. Desde este 2 de enero, el equipo económico liderado por Luis Caputo y el presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili, puso en marcha un nuevo sistema de actualización de las bandas de flotación del dólar oficial, que ahora se ajustarán automáticamente según la inflación pasada, con un rezago de dos meses.

El objetivo es doble: ganar flexibilidad cambiaria y, al mismo tiempo, avanzar en la acumulación de reservas, una de las principales debilidades de la macro argentina. El tipo de cambio sigue siendo la principal ancla del proceso de desinflación, junto con el equilibrio fiscal, pero el Gobierno reconoce que necesita más dólares genuinos para sostener el esquema.

Dólar y reservas: el nuevo esquema cambiario arranca 2026 y el agro mira de reojo

En la práctica, el cambio implica que las bandas ya no se moverán a un ritmo fijo. Durante enero, el piso del corredor bajará gradualmente desde los $914 hasta la zona de $894, mientras que el techo subirá desde $1529 hasta niveles cercanos a $1563. Así, el corredor cambiario se amplía, dando mayor margen de fluctuación al dólar oficial sin abandonar el control.

Desde el BCRA explicaron que esta etapa apunta a compatibilizar la desinflación con el fortalecimiento del balance del Central, en un contexto de baja monetización de la economía y tras haber eliminado los pasivos remunerados. Para varios analistas, no se trata de un cambio de régimen, sino de un ajuste fino para sostener el ancla cambiaria en un escenario de reservas escasas.

En este punto, el sector agropecuario vuelve a quedar en el centro de la escena. Los economistas coinciden en que la sostenibilidad del esquema dependerá de la oferta de divisas, y allí el campo sigue siendo el principal generador de dólares. El nuevo corredor cambiario puede aportar algo más de previsibilidad, pero también plantea interrogantes sobre la competitividad exportadora, especialmente si los costos internos siguen altos y el tipo de cambio oficial se mueve con cautela.

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Para productores y exportadores, la señal es ambigua. Por un lado, un esquema más flexible reduce el riesgo de un atraso cambiario abrupto; por otro, retenciones, presión impositiva y costos logísticos siguen condicionando los márgenes. En ese contexto, el ritmo de liquidación de granos y subproductos será clave para que el BCRA pueda sumar reservas sin tensar el mercado.

El desafío no es menor. En enero, el Gobierno enfrenta vencimientos por US$4200 millones con bonistas privados y, según estimaciones privadas, el Central debería sumar alrededor de US$12.000 millones para cumplir las metas de reservas acordadas con el Fondo Monetario Internacional. La apuesta oficial es que una mayor demanda de pesos y el ingreso de capitales financieros acompañen el proceso, aunque el ingreso genuino de dólares comerciales sigue siendo el factor decisivo.

Por ahora, el Ejecutivo descarta una liberación total del cepo, aunque dejó abierta la puerta a flexibilizaciones graduales si mejora el acceso al financiamiento externo. Así, 2026 arranca con un esquema cambiario algo más flexible, pero con una certeza conocida para el agro argentino: la estabilidad del dólar y de las reservas vuelve a depender, en gran medida, de lo que pase en el campo.

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