Frigorífico cooperativo, cheques sin fondo y una cámara "tomada": la trama que une a Cadif con la planta inaugurada por Kicillof
En el mismo predio donde funciona un frigorífico presentado como cooperativo y bendecido por el gobierno bonaerense, opera hoy la sede de una histórica cámara empresaria que, según denuncian sus antiguos socios, fue directamente "choreada".
Algunas historias de la industria de la carne argentina rozan lo inverosímil, pero esta combina política, cooperativas truchas, cámaras empresarias vaciadas y millones en cheques sin fondos . Todo ocurre en un mismo lugar: Roberto Cassaux 2554 , en Mariano Acosta, partido de Merlo , donde desde mediados de 2024 funciona un frigorífico supuestamente cooperativo, inaugurado con foto incluida del gobernador Axel Kicillof .
En ese mismo predio hoy figura también la sede administrativa de la Cámara Argentina de la Industria Frigorífica (Cadif) , una entidad fundada en 1966 , históricamente representativa de los frigoríficos "consumidores" del conurbano bonaerense. Pero, según denuncian empresarios del sector, Cadif es hoy apenas un sello vacío , apropiado hace seis años por quien controla también el frigorífico de Merlo.
Basta entrar a la web de la cámara para leer que, "por razones operativas" , la Comisión Directiva resolvió trasladar su administración de manera temporal a Cassaux 2551, esquina Empedrado. Exactamente el mismo lugar donde funciona el frigorífico Mariano Acosta , hoy bajo la lupa tras haber emitido cheques sin fondos por más de 4.000 millones de pesos a proveedores del mercado ganadero.
¿Por qué compartir domicilio? Porque el actual "presidente" de Cadif es Ángel Vitale , dueño del predio , impulsor de la nueva planta de faena y una figura de perfil bajísimo , sin teléfono celular, que -según los ex socios- viene lucrando desde hace años con el usufructo del sello de la cámara .
Cadif no siempre fue una cáscara vacía. Cuando en 2001 se creó el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA) , la cámara fue consagrada por ley como una de las cinco entidades frigoríficas con derecho a rotar en las tres sillas de la industria dentro del Instituto, junto a Unica, Fifra, el Consorcio ABC y Ciccra. Un lugar clave, con poder político y recursos económicos , financiados por aportes obligatorios de productores y frigoríficos.
Tras perder su propio frigorífico -Ganadera 2000- en 2005, Vitale deambuló por distintas entidades hasta recalar como secretario de Cadif alrededor de 2015. En ese momento, pesos pesados del conurbano como Martínez, Navarro, Morrone o Bruzzese apostaban a revitalizar la cámara, golpeada pero todavía influyente. El enemigo común era claro: las cooperativas de faena, acusadas de competir de manera desleal, sin pagar impuestos ni cargas laborales y con menores exigencias sanitarias.
Vitale supo capitalizar ese clima. En 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, encabezó una multitudinaria protesta de obreros frigoríficos contra las cooperativas. "Cumplimos con nuestro compromiso de transparencia", declaró entonces, asegurando que las plantas del conurbano perdían entre 500 mil y 1 millón de pesos diarios por esa competencia.
Pero a fines de 2019, con la cámara debilitada y el frente empresario resquebrajado, ocurrió el quiebre. Desaparecieron los libros de actas, que estaban bajo custodia del prolijo secretario. Poco después, Vitale presentó ante la Inspección General de Justicia una nueva acta, proclamándose presidente de Cadif. Según los denunciantes, con firmas falsas y sin aval de los frigoríficos históricos.
"Se la apropió, nos la choreó", resume uno de los empresarios que participó de aquella etapa. Hubo denuncia penal, pero quedó cajoneada. Desde entonces, Vitale ocupa la silla de Cadif en el IPCVA, cobrando un estipendio mensual y accediendo a subsidios anuales, siempre amparado en el aval formal de la IGJ.
La cámara perdió su antigua sede del microcentro porteño, pasó por oficinas cada vez más modestas y terminó mudándose al frigorífico cooperativo de Merlo, hoy envuelto en un escándalo financiero. Allí incluso se impulsó una escuela de despostada, un viejo proyecto de la Cadif original, con la mira puesta en obtener financiamiento del IPCVA.
La trama cierra con un dato explosivo: uno de los firmantes del acta "trucha" que ungió a Vitale como presidente fue José Belseny, actual tesorero de la cooperativa y firmante de los 356 cheques sin fondos emitidos por la falsa cooperativa de trabajo.
Frigorífico cooperativo, cámara empresaria vaciada, fondos públicos y privados entremezclados y un mismo domicilio como escenario. Una postal incómoda de cómo, en la carne argentina, las fronteras entre representación, negocio y política pueden volverse peligrosamente difusas.

