Mercosur-UE: el Senado ratificó el acuerdo y el agro festeja
Con 69 votos a favor, el Congreso dio luz verde al pacto con la UE. El campo ve una oportunidad histórica para exportar más y ganar previsibilidad.
Con 69 votos afirmativos y solo tres negativos, este jueves el Senado de la Nación ratificó la adhesión de Argentina al acuerdo interino de comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, completando así el trámite legislativo que faltaba tras la media sanción en Diputados. El aval es clave porque habilita al país a aprovechar, cuando el pacto entre en vigor, la eliminación de aranceles para el 92% de las exportaciones del bloque y abre una ventana estratégica para la agroindustria argentina.
La votación, casi unánime, consolida un hito en la política de inserción internacional del país y del Mercosur, al crear el mercado común más grande del mundo en términos de población y número de países involucrados.
Según datos oficiales, el acuerdo contempla la eliminación de aranceles o la apertura de cuotas sobre el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur hacia la Unión Europea, un mercado de más de 440 millones de consumidores que en 2024 importó productos agroindustriales por unos U$S 220.000 millones. Las proyecciones estiman que las exportaciones argentinas podrían crecer hasta 122% en una década.
Desde el Gobierno destacaron que "sectores estratégicos como energía, minería, agroindustria e industria se verán especialmente beneficiados", y que la aprobación reafirma la decisión de avanzar hacia una economía más abierta, con reglas claras y mayor capacidad de atraer inversiones.
Sin embargo, el tratado permanece momentáneamente en una especie de compás de espera. El Parlamento Europeo solicitó a la Justicia comunitaria que evalúe si el texto vulnera disposiciones internas del bloque, lo que podría demorar su aplicación hasta dos años.
Para la Argentina, donde la discusión sobre retenciones, brecha cambiaria y presión fiscal condiciona la competitividad, el timing no es menor. El desafío será sostener el impulso político mientras se ordenan las variables internas que hoy restan margen frente a competidores como Brasil o Uruguay.
Desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, su presidente Ricardo Marra celebró la aprobación al considerar que "abre una oportunidad estratégica para profundizar la inserción internacional y el desarrollo de nuestra cadena agroindustrial".
Subrayó que los mecanismos previstos brindarán un acceso "más ágil, previsible y transparente" al mercado europeo, en un contexto global marcado por el uso creciente de barreras no arancelarias, exigencias de trazabilidad y estándares ambientales cada vez más estrictos.
En la misma línea, el Consejo Agroindustrial Argentino sostuvo que la ratificación demuestra que el país es "serio y creíble" para celebrar acuerdos de libre comercio y anticipó que buscará capitalizar el pacto para potenciar la capacidad exportadora.
Desde la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) calificaron la decisión como "un paso clave para el campo argentino", al entender que el productor es eficiente "tranqueras adentro", pero necesita herramientas para que esa eficiencia se traduzca en rentabilidad "tranqueras afuera".
Por su parte, la Sociedad Rural Argentina destacó que el acuerdo implica reducción e incluso eliminación de aranceles, ampliación de cuotas y mejores condiciones de ingreso, además de contemplar que los Estados miembros permitan una rebaja generalizada de retenciones.
La entidad también pidió acompañar este proceso con políticas internas que mejoren la competitividad: menor presión impositiva, simplificación regulatoria, infraestructura y estabilidad macroeconómica.
El Mercosur-UE puede transformarse en una palanca para salir de la lógica de la sojización pura y avanzar hacia mayor agregado de valor, carnes, economías regionales y bioindustria. Pero el acceso preferencial no alcanza por sí solo.
Si Argentina logra ordenar sus variables macro, reducir la brecha cambiaria y discutir seriamente el esquema de retenciones, podría competir en mejores condiciones frente a sus vecinos. De lo contrario, el riesgo es repetir la historia: tener mercado, pero no competitividad suficiente para aprovecharlo.
El paso legislativo ya está dado. Ahora, el verdadero desafío empieza puertas adentro.

