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Mercosur-UE: el acuerdo que promete dólares y pone límite a las retenciones

Un fondo europeo de €6.500 millones, el futuro de las retenciones y nuevas reglas para el comercio agrícola exponen el verdadero impacto económico del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.

Lucia Beltran
Periodista agroalimentaria especializada en América Latina. Analiza mercados, innovación y el impacto de políticas públicas en el sector agroindustrial.

La Unión Europea confirmó que el acuerdo comercial con el Mercosur incluirá una reducción progresiva de las retenciones argentinas, un fondo de compensación de €6.500 millones para proteger a productores europeos y nuevas oportunidades para las exportaciones agroindustriales. La revelación fue realizada esta semana en Bruselas por el eurodiputado español Gabriel Mato, principal impulsor legislativo del tratado, durante un encuentro exclusivo con periodistas de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La definición importa porque puede modificar de manera estructural la competitividad, la rentabilidad y el marco regulatorio del comercio exterior argentino durante la próxima década.

Aunque el acuerdo político entre ambos bloques ya fue alcanzado, la ratificación definitiva atraviesa una compleja instancia judicial en Europa. Según explicó Mato, sectores opositores decidieron llevar el tratado directamente ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, una maniobra que congeló automáticamente el debate parlamentario.

La estrategia busca retrasar la entrada en vigencia plena del acuerdo, aunque desde Bruselas aseguran que el texto mantiene su viabilidad jurídica y política. El eurodiputado sostuvo que, una vez que el tribunal emita una resolución favorable, la ratificación definitiva podría concretarse en pocos meses.

Detrás de esta disputa aparece una cuestión geopolítica de fondo: Europa busca fortalecer sus vínculos con América del Sur en un contexto internacional marcado por la creciente influencia de China y Rusia sobre los mercados globales.

Uno de los aspectos menos conocidos del acuerdo es la creación de un mecanismo extraordinario de protección para los productores europeos.

La Unión Europea reservó un fondo de contingencia de €6.500 millones destinado a compensar eventuales pérdidas de sectores agrícolas afectados por el ingreso de productos del Mercosur.

Además, Bruselas incorporó un sistema de salvaguardas que permite suspender beneficios comerciales si determinadas importaciones generan distorsiones relevantes en los mercados internos.

Mato fue contundente al analizar las protestas de agricultores franceses y de otros países comunitarios. Según su visión, el verdadero problema no es la competencia sudamericana, sino las políticas ambientales implementadas por la propia Unión Europea durante los últimos años.

"El acuerdo no destruirá al campo europeo", aseguró el legislador, quien atribuyó gran parte del malestar rural a regulaciones ambientales que incrementaron costos y exigencias para los productores.

Soja, maíz y trigo: el capítulo que más preocupa al agro argentino

Para el campo argentino, el punto más sensible del tratado pasa por los Derechos de Exportación (DEX).

El acuerdo establece un cronograma de reducción progresiva de retenciones para los productos exportados hacia la Unión Europea y fija límites que futuros gobiernos no podrán superar.

El compromiso prevé la eliminación total de las retenciones para maíz, trigo y girasol en un plazo de diez años desde la entrada en vigencia del tratado.

La situación será diferente para la soja, principal fuente de recaudación fiscal vinculada al comercio exterior. En este caso, se acordó una reducción gradual que terminará estableciendo un tope máximo del 14% para el complejo sojero -grano, harina y aceite- al finalizar el período de transición.

La medida representa un cambio estructural para la política tributaria argentina, ya que introduce un límite internacional a uno de los instrumentos fiscales más utilizados por los distintos gobiernos para obtener recursos.

Desde el punto de vista de los agronegocios, el nuevo esquema podría mejorar la previsibilidad para inversiones de largo plazo, favorecer la industrialización y fortalecer la competitividad exportadora de la cadena agroindustrial.

Vinos, quesos y maquinaria: quién gana y quién pierde

El tratado no sólo beneficiará a los exportadores sudamericanos.

Europa obtendrá acceso preferencial para numerosos productos que actualmente enfrentan elevados aranceles en Argentina.

Entre ellos se destacan los vinos y bebidas alcohólicas, que dejarán de pagar gravámenes de hasta 35%; los quesos y lácteos, hoy alcanzados por tasas cercanas al 28%; además de chocolates, aceite de oliva, alimentos infantiles, productos farmacéuticos, maquinaria industrial y vehículos.

A cambio, los países del Mercosur accederán a mayores cuotas para productos estratégicos como carne vacuna, carne aviar y diversas producciones agroindustriales.

Uno de los mayores desafíos no estará en Bruselas sino dentro del propio Mercosur.

Mato confirmó que la Unión Europea no intervendrá en el reparto de las cuotas agrícolas otorgadas al bloque sudamericano. Eso significa que Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay deberán negociar entre sí la distribución de los cupos con arancel preferencial.

La advertencia fue clara: si los socios no alcanzan consensos políticos, podrían perder oportunidades comerciales clave.

El riesgo es especialmente relevante para sectores como la carne vacuna, donde las cuotas representan millones de dólares en exportaciones de alto valor agregado.

La negociación entre Mercosur y la Unión Europea atraviesa una etapa decisiva. Más allá de los obstáculos judiciales y políticos, las definiciones conocidas en Bruselas muestran que el tratado va mucho más allá de una simple apertura comercial.

La reducción de retenciones, la ampliación de mercados, la competencia internacional y las nuevas reglas para la agroindustria configuran un escenario que podría transformar profundamente la cadena de valor agropecuaria argentina.

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