Pesca argentina: el acuerdo Mercosur-UE ilusiona al sector mientras siguen en juego las retenciones
Con la UE como mercado clave para merluza y langostino, la pesca ve una chance histórica de ganar competitividad, pero advierte que sin eliminar retenciones el impacto será limitado.
El complejo pesquero argentino evaluó como "muy positivo" el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, frenado recientemente por el Parlamento Europeo, porque permitiría reducir a cero los aranceles para productos clave como la merluza y el langostino; el debate se reactivó este 23 de enero de 2026, en un contexto donde el sector reclama la eliminación de retenciones que hoy le restan competitividad y millones de dólares en ingresos.
La discusión no es menor. La pesca es el octavo complejo exportador del país, con un aporte anual cercano a US$2007 millones, y depende fuertemente de los mercados externos. En ese tablero, Europa ocupa un lugar central: España, Italia y Francia concentran hasta el 40% de las exportaciones, especialmente de merluza y langostino, los dos grandes generadores de divisas del sector.
Desde la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (Capip) destacan que el acuerdo con la UE permitiría una liberalización total de los productos pesqueros, sin exclusiones por parte de los europeos. Esto implica que todas las posiciones arancelarias llegarían al 0% al final del período de implementación, que puede ir de 0 a 10 años desde la entrada en vigor.
En el caso de la merluza, la mayoría de los aranceles se eliminarían desde el inicio del acuerdo, mientras que otros lo harían entre cuatro y siete años. Para el langostino, la reducción se daría entre la entrada en vigor y los cuatro años, con una excepción puntual que se extiende a diez. Calamar, vieira, merluza negra y corvina entrarían con arancel cero desde el arranque.
Agustín de la Fuente, presidente de Capip, lo resume con crudeza: "Con el acuerdo ganamos competitividad". Hoy, la merluza argentina paga 15% de arancel y compite en España con Sudáfrica, mientras que el langostino enfrenta cargas de entre 12% y 20%, frente a competidores como el camarón vannamei de Ecuador, que ingresa con arancel cero.
A esto se suma la dinámica global: China y Estados Unidos siguen siendo destinos relevantes, con un crecimiento marcado del mercado chino en el último año. Sin embargo, Europa sigue siendo estratégica para sostener precios y volúmenes.
Mientras el acuerdo genera expectativas, las retenciones aparecen como el principal freno local. Según estimaciones de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (CaPeCa), en 2024 el sector pagó entre US$120 y US$130 millones en derechos de exportación, con alícuotas que van del 1% al 9%, según especie y nivel de procesamiento.
"La pesca no fue incluida entre las economías regionales", advierten desde el sector. En un contexto de costos laborales elevados, convenios colectivos desactualizados y paradas de flota -como ocurrió con el langostino-, cada punto de competitividad cuenta.
Con una producción superior a 700.000 toneladas anuales y un consumo interno bajo, el excedente exportable argentino es enorme. El acuerdo Mercosur-UE aparece como una oportunidad histórica para mejorar el acceso a mercados y reducir barreras, pero sin una revisión de las retenciones y de los costos internos, el beneficio podría diluirse.
El mensaje desde el sector es claro: Argentina tiene recursos, mercados y demanda, pero necesita reglas más parejas para competir. En el ajedrez del comercio global de alimentos, la pesca también espera su jugada política.

