Presión impositiva: ¿por qué el agro argentino sigue subsidiando a sus competidores?
Mientras Brasil y Estados Unidos fortalecen su liderazgo, el agro argentino continúa limitado por una presión fiscal asfixiante que le resta competitividad global.
En un contexto global cada vez más desafiante, el agro argentino sigue enfrentando una presión impositiva que distorsiona la competencia y favorece indirectamente a sus principales rivales: Brasil y Estados Unidos. Según el analista Enrique Erize, la situación resulta insostenible. "Hemos venido subsidiando a brasileños y estadounidenses durante lo que va de este siglo con descuentos por las mal llamadas retenciones del orden del 23% promedio, con picos del 35%. Increíble", afirma.
Mientras los precios internacionales comienzan a mostrar señales de recuperación, especialmente para la soja y el maíz, los productores locales deben lidiar con costos internos elevados, incertidumbre cambiaria y falta de incentivos. En contraste, Brasil avanza con una estructura fiscal más previsible, inversiones en logística y políticas que promueven la expansión productiva.
Erize destaca que el mercado ofrece condiciones alentadoras: una suba en Chicago para la oleaginosa, buenas perspectivas para el maíz local y un escenario favorable para el girasol. Sin embargo, advierte que el trigo argentino enfrenta una cosecha abundante en un contexto internacional muy competitivo, lo que presiona los precios a la baja.
Entre los factores políticos, el analista menciona la actitud pro campo del presidente Javier Milei, la posibilidad de reformas estructurales y la crítica del FMI a los Derechos de Exportación (DEX) como señales positivas. No obstante, la realidad sigue siendo dura: "Competimos con una carga impositiva de entre 100 y 250 dólares por tonelada que nuestros competidores no pagan", explica.
El contraste es evidente. Mientras Brasil expande su frontera agrícola y mejora su productividad, Argentina continúa debatiendo un esquema fiscal que desalienta la inversión y reduce la rentabilidad del productor. "Entre Chicago y Buenos Aires está Brasil -ironiza Erize-, y es muy probable que nos escupan el asado."
El desafío del país es claro: sin un alivio fiscal real y una política agroexportadora coherente, la Argentina seguirá subsidiando a quienes compiten con ventaja, viendo cómo su potencial productivo se diluye frente al avance regional.

