Retenciones: alivio fiscal, respaldo del campo y el desafío de recuperar competitividad
El campo celebró la baja de retenciones como una señal de alivio en plena campaña, aunque advierte que la competitividad argentina sigue condicionada por la presión impositiva y la falta de previsibilidad.
La nueva baja de retenciones anunciada por el ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a mover el clima de negocios del agro argentino justo cuando avanza la siembra gruesa y los productores ajustan números en un año donde los márgenes siguen extremadamente finos. La reducción de alícuotas -que deja a la soja en el 24%, su nivel más bajo en 19 años, y recorta derechos también en trigo, maíz, cebada, sorgo y girasol- fue recibida como una señal positiva por todas las entidades del sector, aunque con un mensaje común: es un paso importante, pero todavía muy lejos del horizonte que el campo reclama hace décadas, el de llegar a retenciones cero.
El dato económico que más ruido hizo fue el cálculo de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que estimó que el alivio fiscal para la cadena agroindustrial rondará los US$600 millones, mientras que fuentes oficiales hablan de unos US$500 millones. Sea cual sea la cifra exacta, se trata de dinero que queda directamente en manos de los productores, con un impacto que podría traducirse en mayor inversión en tecnología, más adopción de agricultura digital, mejores paquetes técnicos y una siembra que gane en intensidad. En un contexto donde la brecha cambiaria, los costos de logística y la volatilidad macroeconómica complican la toma de decisiones, cada punto de retención es decisivo para sostener la competitividad frente a países vecinos que ya juegan con ventajas estructurales.
Pero el impacto no solo es teórico. Analistas privados calcularon la mejora concreta que puede generar esta baja en los precios FAS, es decir, el valor que efectivamente percibe el productor. En soja, la rebaja de dos puntos puede reflejarse en US$9 adicionales por tonelada, tanto para grano como para subproductos. En maíz, la mejora teórica ronda los US$5, y en trigo, unos US$2 por tonelada, aunque en este caso el efecto está limitado por un mercado internacional deprimido. Considerando el volumen pendiente de comercialización -más de 10 millones de toneladas de soja, 17 millones de maíz y cerca de 18 millones de trigo-, la mejora en los ingresos del productor no es menor. Solo en soja, el beneficio se estima en US$86 millones, a lo que se suman US$37 millones en maíz y US$76 millones en trigo.
Las entidades del campo reaccionaron casi en bloque. Desde Confederaciones Rurales Argentinas, su presidente Carlos Castagnani destacó que la medida "es un buen mensaje para el productor" y confirmó que interpretan este movimiento como parte del camino hacia la eliminación definitiva del impuesto. Federación Agraria Argentina reforzó esa lectura: para su presidenta, Andrea Sarnani, "las retenciones son el peor de los impuestos", y cualquier baja mejora la ecuación del pequeño y mediano productor. La Sociedad Rural Argentina, por su parte, subrayó que si bien la reducción es bienvenida, la carga tributaria sigue siendo el principal freno a la inversión. También acompañaron Carbap, Ciara-CEC, Coninagro, el Consejo Agroindustrial Argentino y prácticamente todas las Bolsas de Cereales y Comercio del país, que valoraron el gesto como parte de una agenda que busca "mayor previsibilidad y reglas claras".
El trasfondo es más profundo: Argentina intenta recomponer su competitividad en un escenario continental donde Brasil amplía su liderazgo exportador y donde Uruguay y Paraguay avanzan con mayor estabilidad macro y menores cargas fiscales. Mientras tanto, nuestro país viene de un año de cambios constantes en el esquema de derechos de exportación, incluyendo la suspensión temporal de las retenciones en septiembre, una medida que duró apenas tres días debido al rápido cumplimiento del cupo de divisas previsto. Estos vaivenes exponen el problema estructural: la falta de previsibilidad, una palabra que el sector repite como un mantra porque define el ánimo con el que cada campaña se planifica.
Aun así, las cifras macro acompañan el optimismo moderado. La Bolsa de Cereales proyecta para la campaña 2025/26 una producción récord de 142,6 millones de toneladas, un 8,9% más que el ciclo previo. Un alivio fiscal de esta magnitud, combinado con un clima de negocios más estable, podría empujar esa tendencia y mejorar el flujo de divisas, algo clave en la coyuntura económica actual.
El campo celebra, pero no pierde de vista que este es apenas un capítulo dentro de un debate histórico. Argentina tiene recursos, tecnología, talento y productividad para pelear mano a mano con cualquier competidor regional. Lo que falta, y lo que el sector vuelve a pedir con fuerza, es un marco estable, competitivo y previsible que permita transformar medidas puntuales en una estrategia sostenida. La baja de retenciones es una buena noticia. Convertirla en una política de largo plazo será, quizás, el verdadero punto de inflexión.

