RIMI agro: beneficios clave para riego, genética y competitividad
El Gobierno reglamentó el RIMI con incentivos especiales para el agro, incluyendo riego, mallas antigranizo y genética animal.
El Gobierno nacional reglamentó el 13 de abril de 2026 el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) mediante el Decreto 242/26, estableciendo beneficios fiscales para empresas, con especial impacto en el sector agropecuario, donde se priorizan inversiones en riego, mallas antigranizo y genética animal para mejorar la productividad y competitividad.
La medida, enmarcada en la Ley de Modernización Laboral, tendrá una vigencia de dos años y apunta a dinamizar los agronegocios argentinos, promoviendo el desarrollo de la cadena de valor, el aumento de exportaciones y la generación de empleo.
El RIMI está orientado a micro, pequeñas y medianas empresas, con distintos umbrales de inversión mínima:
- US$150.000 para microempresas
- US$600.000 para pequeñas
- US$3,5 millones para medianas tramo 1
- US$9 millones para medianas tramo 2
Uno de los principales incentivos es la amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias, que permite deducir inversiones en solo dos años, mejorando el flujo financiero y la rentabilidad empresarial.
Además, las empresas podrán acceder a la devolución anticipada del IVA a los tres meses de realizada la inversión, lo que representa un impulso directo al capital de trabajo.
El punto más destacado para el agro es que determinadas inversiones tendrán condiciones aún más favorables. En el caso de:
- Sistemas de riego agrícola
- Mallas antigranizo
- Genética animal (bienes semovientes)
No habrá monto mínimo de inversión y la amortización será en solo un año, un incentivo clave para acelerar la adopción tecnológica en el campo.
Estas herramientas son estratégicas para mejorar la eficiencia en el uso del agua, proteger cultivos frente a eventos climáticos extremos y potenciar la productividad del ganado bovino y ovino, en línea con las demandas de sustentabilidad y cambio climático.
El RIMI también incluye beneficios para inversiones en bienes de capital, informática y telecomunicaciones, fundamentales para avanzar en la tecnificación del campo.
En paralelo, se contemplan incentivos para obras productivas y proyectos de eficiencia energética, incluyendo energías renovables y modernización de equipos, lo que impacta en la reducción de costos y mejora la competitividad.
Este enfoque integral fortalece la cadena de valor agroindustrial, permitiendo a productores y empresas incorporar innovación y generar mayor valor agregado.
Como complemento, el Gobierno recordó la vigencia de la reducción del IVA para la energía utilizada en riego, que baja del 27% al 10,5%, un beneficio que mejora significativamente los costos operativos.
Esta medida, junto con el RIMI, busca consolidar un esquema de incentivos que promueva la inversión en infraestructura hídrica, clave para sostener la producción frente a escenarios de variabilidad climática.
En el sector agropecuario, el lanzamiento del RIMI es visto como una herramienta para potenciar la inversión y mejorar la competitividad, especialmente en un contexto de costos crecientes y necesidad de financiamiento.
Sin embargo, los actores del campo también destacan la importancia de una implementación ágil y de garantizar el acceso al régimen para todas las regiones productivas, en un país donde la infraestructura y la logística siguen siendo factores determinantes.

