Semáforo de las economías regionales: pocas luces verdes y más señales de alerta para el agro argentino
El Semáforo de Economías Regionales volvió a mostrar un panorama desigual: solo cinco actividades en verde y varias producciones con la rentabilidad bajo presión, en un contexto de precios que no logran seguirle el ritmo a los costos.
El último relevamiento del Semáforo de Economías Regionales, correspondiente a noviembre de 2025, confirma una realidad que el productor argentino conoce de primera mano: el agro no se mueve como un bloque homogéneo. De las 19 actividades analizadas, apenas 5 lograron ubicarse en verde, 8 permanecieron en amarillo y 6 quedaron en rojo, reflejando un leve deterioro respecto del mes anterior. El dato saliente de esta edición es el retroceso del sector avícola, que pasó de verde a amarillo.
El semáforo evalúa tres componentes centrales. El negocio, que mide si los precios al productor logran ganarle a la inflación y a los costos; el productivo, que analiza la evolución del área, el stock y la producción física; y el mercado, que observa el desempeño del consumo interno y del comercio exterior. Los tres pilares tienen el mismo peso, por lo que una mejora aislada no alcanza si el resto de las variables no acompaña.
Las actividades en rojo: rentabilidad bajo presión
Las producciones que cerraron noviembre en rojo fueron yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón. En la mayoría de los casos, el principal factor de deterioro fue el componente de negocio: los precios percibidos por el productor crecieron muy por debajo de la inflación del 31 % interanual, mientras que los costos siguieron en alza.
El caso del arroz es paradigmático. A pesar de mostrar un salto exportador del 201 % interanual, el precio interno quedó retrasado en términos reales y la superficie sembrada proyectada para la campaña 2025/26 cayó con fuerza. Algo similar ocurre con el algodón, que combina menores precios reales, caída de área y mayor presión importadora.
En papa, hortalizas y vitivinicultura, la dificultad pasa por un consumo interno débil y una rentabilidad que no logra recomponerse, mientras que en yerba mate se observa una suba de precios nominales que parte de un piso muy bajo y no alcanza para compensar la caída productiva.
El verde, concentrado en pocos sectores
En contraste, solo cinco actividades lograron ubicarse en verde: bovinos, porcinos, ovinos, granos y miel. En estos casos, el denominador común fue un mejor desempeño del negocio, con precios que crecieron por encima de la inflación, acompañado por indicadores productivos aceptables y mercados activos.
El complejo granario vuelve a ser el gran sostén del sistema. En noviembre, los precios promedio de los principales granos crecieron 40 % interanual, superando a la inflación, mientras que la producción proyectada para la campaña 2025/26 muestra una expansión significativa. En comercio exterior, las exportaciones de granos y subproductos crecieron 83 %, explicando por sí solas el 76 % del total exportado por las economías analizadas.
En bovinos, a pesar de una leve caída del stock, los precios al productor casi duplicaron la inflación y las exportaciones crecieron 43 %, lo que permitió sostener la actividad en verde. Porcinos y ovinos, aunque con desafíos estructurales, también mostraron precios firmes y buen desempeño exportador, mientras que la miel se destacó por un incremento de precios reales y un crecimiento sostenido de las ventas externas.
El amarillo, la zona más poblada
La mayoría de las economías regionales quedó en amarillo, una categoría que refleja equilibrios frágiles y recuperaciones lentas. Allí aparecen forestal, leche, maní, tabaco, cítricos dulces, mandioca, peras y manzanas, a las que este mes se sumó la actividad avícola.
Estos sectores comparten señales mixtas. En algunos casos hay mejoras productivas, como en leche o cítricos, pero los precios no acompañan la inflación. En otros, el problema pasa por la competencia de importaciones, como en mandioca o porcinos, o por costos elevados que neutralizan las mejoras de mercado.
La avicultura es el único cambio de esta edición y resume bien la lógica del amarillo. En los últimos doce meses, los precios subieron apenas 16 %, muy por debajo de la inflación, mientras que las exportaciones cayeron 13 % y las importaciones crecieron con fuerza. El consumo interno y la producción siguen firmes, pero el negocio perdió margen, empujando al sector fuera del verde.
Una mirada de largo plazo
El semáforo no solo sirve como foto mensual, sino también como herramienta histórica. En más de diez años de medición, 8 de las 19 economías regionales pasaron más de la mitad del tiempo en rojo. La vitivinicultura y los cítricos dulces lideran ese ranking negativo, seguidos por lechería y arroz. En cambio, las carnes y el complejo granario mostraron un recorrido más estable, permaneciendo en verde en más del 45 % del período.
Comercio exterior: récord con fuerte concentración
Entre enero y noviembre de 2025, las exportaciones de las economías relevadas alcanzaron USD 54.193 millones, un 65 % por encima del promedio histórico. Sin embargo, la lectura fina muestra una alta concentración: el grueso del crecimiento se explica por los granos y la carne bovina, mientras que el conjunto de las economías regionales aportó apenas USD 7.912 millones.
Algunos sectores lograron aprovechar el contexto externo. Tabaco, arroz, forestal y lácteos mostraron crecimientos exportadores muy superiores a sus promedios históricos. En el otro extremo, la avicultura fue la única actividad con una caída marcada en exportaciones. Del lado de las importaciones, varios complejos duplicaron compras externas, agregando presión sobre los mercados internos.
Un diagnóstico que se repite
El semáforo de noviembre vuelve a confirmar una constante: el principal problema no es productivo ni comercial, sino económico. Mientras los precios no recuperen poder adquisitivo frente a la inflación y los costos, muchas economías regionales seguirán atrapadas entre el amarillo y el rojo, aun en un contexto de exportaciones récord.
La macro muestra señales de mejora, pero la micro sigue ajustada. Y en el agro argentino, esa diferencia es la que define si una actividad crece, sobrevive o queda al borde del abandono.

