Del monte a los viñedos: el turismo rural gana terreno y genera ingresos en el campo
Comunidades, bodegas y emprendimientos familiares impulsan experiencias que combinan producción, cultura y naturaleza, abriendo nuevas oportunidades para las economías regionales.
En plena temporada de vacaciones de invierno, distintas regiones del país impulsan propuestas de turismo rural que combinan producción, cultura y naturaleza, transformándose en una alternativa económica cada vez más importante para las familias del campo. Desde comunidades originarias en Salta hasta bodegas y emprendimientos familiares en Mendoza y Entre Ríos, productores y organizaciones acompañadas por el INTA buscan diversificar ingresos sin abandonar su esencia productiva. La iniciativa cobra relevancia en un contexto donde las economías regionales enfrentan desafíos de rentabilidad, y el turismo aparece como una herramienta capaz de generar empleo, agregar valor y fortalecer el arraigo rural.
De acuerdo con especialistas del INTA, el turismo rural se consolida como una estrategia de desarrollo territorial que permite a los establecimientos agropecuarios generar ingresos adicionales sin modificar su actividad principal. Además de abrir nuevas oportunidades económicas, estas experiencias acercan a los visitantes urbanos a la realidad productiva del interior y permiten poner en valor la historia, las tradiciones y la identidad de cada territorio.
Para Rodrigo Espíndola, referente de Turismo Rural del INTA Mendoza, estas iniciativas muestran que el campo argentino tiene un enorme potencial para desarrollar propuestas recreativas y educativas vinculadas a la producción. En un contexto de márgenes ajustados y creciente necesidad de agregar valor en origen, el turismo se presenta como una herramienta complementaria para fortalecer la sostenibilidad económica de las explotaciones agropecuarias.
Uno de los casos más representativos se encuentra en Mendoza. El circuito agroturístico Agrelo-Perdriel reúne bodegas, olivares, fincas familiares, espacios patrimoniales y propuestas gastronómicas que amplían la tradicional oferta enoturística de la provincia. Muchas de estas explotaciones, con décadas de historia productiva, comenzaron recientemente a integrarse al circuito turístico, permitiendo a los visitantes conocer de cerca el trabajo cotidiano del campo y el patrimonio cultural asociado a la actividad vitivinícola.
En el norte de Salta, la comunidad guaraní Yariguarenda desarrolla una propuesta de turismo rural comunitario que invita a descubrir su cosmovisión y su vínculo con las yungas. Senderos interpretativos, observación de aves y actividades apícolas forman parte de una experiencia que busca preservar saberes ancestrales y fortalecer el desarrollo local.
Otra de las iniciativas destacadas es Wine and Ride, en Mendoza, donde los visitantes recorren en bicicleta los paisajes de Luján de Cuyo y conocen distintos modelos productivos, desde bodegas tradicionales hasta emprendimientos orgánicos y sustentables. Además de las degustaciones, la propuesta permite comprender aspectos clave de la producción vitivinícola, como el manejo del agua y las tareas estacionales en los viñedos.
En Entre Ríos también surgen experiencias que buscan recuperar tradiciones productivas y generar nuevas oportunidades económicas. En Urdinarrain, la Finca Los Bayos combina la producción de vinos y nuez pecán con recorridos por los sistemas productivos y degustaciones de productos regionales, rescatando una actividad vitivinícola que tuvo un fuerte desarrollo histórico en la provincia.
A su vez, la Bodega Artesanal 5 Ceibos, ubicada entre Villa Elisa y Villaguay, integra el turismo con actividades culturales vinculadas a la música, la gastronomía, la literatura y la observación astronómica. Estas iniciativas permiten fortalecer la identidad local y generar un mayor vínculo entre visitantes y comunidades rurales.
Más allá de sus particularidades, todas estas experiencias comparten un mismo objetivo: poner en valor las producciones, los saberes y las identidades del interior argentino. Para el INTA, el turismo rural no solo representa una alternativa recreativa, sino también una herramienta de desarrollo que contribuye a diversificar ingresos, generar empleo y fortalecer el arraigo de las familias en el campo.
En momentos en que muchas actividades agropecuarias enfrentan desafíos vinculados a los costos, la competitividad y la necesidad de agregar valor, el avance del turismo rural aparece como una oportunidad concreta para las economías regionales. Además de acercar a la sociedad urbana a los procesos productivos, estas experiencias muestran que el campo argentino tiene mucho más para ofrecer que alimentos: también posee una enorme riqueza cultural, histórica y natural capaz de transformarse en un nuevo motor de desarrollo.

