Clima

El Niño pone a prueba a Perú: pesca, agro y empleo enfrentan un escenario crítico

El fenómeno climático amenaza con provocar pérdidas millonarias, frenar el crecimiento económico y comprometer miles de empleos en dos sectores estratégicos para Perú.

Valeria Cortés Alvarado
Periodista con visión global, especializada en tendencias y comercio internacional, y en su impacto sobre las cadenas agroalimentarias de América Latina.

Perú enfrenta uno de los mayores desafíos económicos de los últimos años ante la posibilidad de que el Fenómeno El Niño alcance una intensidad extraordinaria durante los próximos meses. Las proyecciones de analistas privados indican que el evento climático podría provocar pérdidas de hasta S/16.000 millones, reducir el crecimiento económico del país y golpear con fuerza a dos actividades fundamentales como la pesca y la agricultura, pilares del empleo, las exportaciones y el abastecimiento de alimentos.

El escenario representa además una de las primeras grandes pruebas para el gobierno de Keiko Fujimori, que deberá responder a un fenómeno comparable, según diversos especialistas, con el intenso episodio de 1997-1998, considerado uno de los más destructivos de la historia reciente del país.

Las estimaciones de Credicorp Capital advierten que El Niño podría restar entre medio punto y un punto porcentual al crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) durante este año. Para el economista del Instituto Peruano de Economía (IPE), Diego Macera, sin este evento climático la economía peruana tendría condiciones para expandirse por encima del 4%, mientras que ahora las proyecciones se ubican en torno al 3,4% o 3,5%.

La preocupación no se limita a los indicadores macroeconómicos. La mayor incertidumbre se concentra en sectores que sostienen buena parte de la actividad productiva del país y que dependen directamente de las condiciones climáticas.

La pesca y el agro concentran los mayores riesgos productivos

La industria pesquera ya comenzó a sentir el impacto del calentamiento del océano Pacífico. La suspensión de la primera temporada de captura de anchoveta, debido a las condiciones del mar, redujo la actividad del sector y elevó la incertidumbre sobre la posibilidad de realizar una segunda campaña antes de fin de año.

Desde la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) alertan que la paralización afecta no solo a las embarcaciones y plantas industriales, sino también a toda la cadena vinculada con la actividad. Transporte, servicios portuarios, proveedores y pequeñas empresas dependen de un sector que genera alrededor de 250.000 empleos directos e indirectos, por lo que una prolongación del escenario actual podría tener consecuencias económicas de gran magnitud.

La paralización de la primera temporada de anchoveta refleja el impacto que el calentamiento del océano ya provoca sobre la pesca peruana.

La paralización de la primera temporada de anchoveta refleja el impacto que el calentamiento del océano ya provoca sobre la pesca peruana.

En paralelo, la agricultura comienza a enfrentar sus propios desafíos. Las altas temperaturas, la menor disponibilidad de agua y el riesgo de sequías amenazan el desarrollo de la campaña agrícola 2026/27, especialmente en cultivos esenciales para el consumo interno como papa, arroz y diversas frutas.

Especialistas de la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro) advierten que una menor producción podría traducirse en una reducción de la oferta de alimentos y, como consecuencia, en un incremento de los precios para los consumidores. Ese escenario también podría profundizar los problemas de seguridad alimentaria que ya enfrenta parte de la población peruana.

Las preocupaciones alcanzan igualmente a la agroexportación. Productos de alto valor comercial como arándanos, uvas de mesa, mangos y espárragos podrían sufrir pérdidas si las condiciones climáticas afectan el desarrollo de los cultivos durante el segundo semestre del año.

Las altas temperaturas y la menor disponibilidad de agua amenazan cultivos estratégicos para el consumo interno y las exportaciones peruanas.

Las altas temperaturas y la menor disponibilidad de agua amenazan cultivos estratégicos para el consumo interno y las exportaciones peruanas.

Desde la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP) estiman que más de 100.000 hectáreas agrícolas podrían verse comprometidas y que hasta 1,8 millones de puestos de trabajo rurales dependerán de la capacidad del país para reducir los efectos del fenómeno climático.

Ante este panorama, los representantes del sector consideran prioritario reforzar las obras de prevención, proteger carreteras, puentes y cauces de ríos, además de implementar herramientas financieras que permitan sostener la producción. Entre las medidas propuestas figuran líneas de crédito con condiciones especiales, reestructuración de deudas y programas de apoyo para los productores afectados.

La incertidumbre también comenzó a influir sobre las decisiones de inversión. Diversas empresas optan por postergar proyectos de infraestructura hasta conocer la verdadera magnitud que alcanzará El Niño, privilegiando acciones preventivas antes que nuevas construcciones que podrían quedar expuestas a inundaciones o daños climáticos.

Mientras las proyecciones meteorológicas continúan siendo monitoreadas de cerca, Perú se prepara para un escenario que pondrá a prueba la capacidad de respuesta del Estado y del sector productivo. El desafío no será únicamente enfrentar una emergencia climática, sino también proteger la producción de alimentos, preservar el empleo rural y evitar que el impacto económico termine trasladándose al bolsillo de millones de familias y a la competitividad de uno de los principales exportadores agrícolas de América Latina.

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