Agricultura

El mango pierde floración en Perú y los productores ya evalúan fuertes recortes

Las temperaturas registradas en junio redujeron la floración en Piura a menos del 5%. Técnicos advierten que el impacto podría extenderse a otros cultivos de exportación.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

La campaña de mango en el norte de Perú enfrenta un punto de inflexión. Las temperaturas registradas durante junio alteraron el ciclo fisiológico de los árboles y redujeron la floración a menos del 5% en Piura, principal región productora del país. La situación obliga a los productores a redefinir el manejo de los montes en un momento decisivo del calendario agrícola, mientras especialistas advierten que los efectos de las anomalías térmicas podrían extenderse a otros cultivos de exportación si las condiciones climáticas persisten.

El comportamiento del invierno sorprendió incluso a los técnicos que siguen la evolución del cultivo. Durante junio, las temperaturas mínimas promediaron 22 °C y las máximas alcanzaron en algunos días 34 °C, valores muy superiores a los habituales para esta época del año. Esa condición impidió que las yemas acumularan las reservas de almidón necesarias para iniciar el proceso de floración, afectando directamente el potencial productivo de la próxima cosecha.

La próxima decisión puede definir el resultado de la campaña

Con una floración muy por debajo de lo esperado, los productores deben elegir entre dos estrategias, ambas con costos y riesgos importantes. La primera consiste en inducir la floración de inmediato, aun cuando las yemas no alcanzaron la madurez fisiológica adecuada para responder de manera uniforme.

Los especialistas explican que avanzar con esa práctica permitiría mantener el calendario habitual de producción, pero podría traducirse en un menor cuajado de frutos, plantas menos equilibradas y una reducción del rendimiento comercial durante la cosecha.

La otra alternativa es postergar la inducción floral durante varias semanas para favorecer el desarrollo de las yemas. Sin embargo, esa decisión trasladaría la producción hacia los primeros meses de 2027, período en el que aumenta la probabilidad de lluvias si finalmente se consolida un evento del Fenómeno El Niño.

Ese cambio de calendario podría complicar las labores de cosecha, incrementar la presencia de enfermedades y elevar los costos de manejo en una campaña que ya comenzó condicionada por el comportamiento del clima.

Diversos analistas coinciden en que el margen de maniobra es cada vez menor. En lugar de buscar la alternativa ideal, el objetivo pasó a ser minimizar las pérdidas productivas y económicas que podría generar cualquiera de las dos decisiones.

La preocupación trasciende al mango y alcanza a toda la agroexportación

El comportamiento observado en los montes de mango también despertó preocupación entre técnicos y exportadores por el posible efecto que las altas temperaturas podrían tener sobre otros cultivos de importancia económica para Perú.

Los especialistas recuerdan que procesos como la floración, el desarrollo vegetativo y la formación de frutos dependen de determinadas condiciones ambientales. Cuando esas variables cambian durante períodos prolongados, las consecuencias pueden reflejarse en menores rendimientos y en una reducción de la calidad exigida por los mercados internacionales.

Entre los cultivos que permanecen bajo seguimiento aparecen uva, palta, arándano, cítricos, banano, café y cacao, todos con una elevada participación en las exportaciones agrícolas del país. A ello se suma la posibilidad de una mayor presión de plagas y enfermedades favorecida por temperaturas superiores a las habituales.

Especialistas plantean que el Gobierno evalúe una declaratoria de emergencia agraria en las zonas donde los indicadores técnicos lo justifiquen. También consideran prioritario reforzar la asistencia a los productores, ampliar el monitoreo climático y fenológico e implementar herramientas financieras que permitan sostener la actividad durante esta campaña.

Al mismo tiempo, sostienen que la experiencia de este año deja una enseñanza para el conjunto del sector agroexportador. La adaptación a escenarios climáticos cada vez más variables requerirá incorporar sistemas de monitoreo permanente, planificación basada en información meteorológica y estrategias de manejo capaces de responder con mayor rapidez a eventos extremos, reduciendo el impacto económico sobre una actividad que representa una de las principales fuentes de divisas para Perú.

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