Agricultura Sostenible

¿Puede un residuo avícola reemplazar parte de los fertilizantes importados?

El aprovechamiento del guano avícola impulsa una alternativa local para nutrir los suelos y reducir la dependencia de insumos importados.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El aumento del costo de los fertilizantes importados y la necesidad de recuperar la fertilidad de los suelos están acelerando el interés por soluciones orgánicas en Perú. En distintas regiones del país, productores agrícolas comienzan a incorporar fertilizantes elaborados a partir de residuos avícolas, una alternativa que combina economía circular, menor dependencia del mercado internacional y una estrategia orientada a mejorar la productividad de los cultivos en el largo plazo.

La propuesta aprovecha uno de los subproductos más abundantes de la producción de huevos: el guano generado por más de ocho millones de gallinas ponedoras, que diariamente se transforma en fertilizantes sólidos y bioinsumos líquidos destinados a cultivos como café, palta y diversos frutales. Cada jornada se procesan más de 300 toneladas de materia prima, que dejan de representar un pasivo ambiental para convertirse en un recurso con valor agronómico.

Este modelo responde a una preocupación creciente entre los productores. La volatilidad internacional del mercado de fertilizantes, agravada por conflictos geopolíticos y problemas logísticos, expuso la vulnerabilidad de muchos países dependientes de insumos importados. En ese contexto, las alternativas desarrolladas con materias primas locales comenzaron a ganar protagonismo.

Los suelos pasan a ocupar un lugar central en la estrategia productiva

Más allá del aporte de nutrientes, los fertilizantes orgánicos buscan recuperar una característica que muchos suelos agrícolas han perdido tras años de uso intensivo: la materia orgánica. Su incorporación favorece la actividad biológica, mejora la estructura del terreno y aumenta la capacidad de retener humedad, aspectos que adquieren mayor importancia frente a eventos climáticos cada vez más extremos.

La estrategia combina un fertilizante sólido de liberación gradual con bioinsumos líquidos destinados a reforzar la nutrición en etapas específicas del desarrollo de los cultivos. Este manejo integrado apunta a construir fertilidad de manera progresiva, reduciendo la dependencia exclusiva de fertilizantes minerales.

Otro aspecto que diferencia este sistema es la calidad de la materia prima. Al provenir de gallinas ponedoras, el guano puede recolectarse sin mezclarse con materiales utilizados como cama en otros sistemas avícolas, permitiendo obtener un producto más homogéneo y con una composición nutricional estable durante todo el año.

Las experiencias desarrolladas en distintas zonas agrícolas muestran resultados que despertaron el interés de otros productores. Según los datos difundidos por la empresa responsable del desarrollo, algunas explotaciones lograron incrementar su producción hasta un 40%, reducir cerca del 10% los costos de fertilización y mejorar la rentabilidad, indicadores que favorecen la incorporación de este tipo de tecnologías.

La economía circular comienza a ganar espacio en la agricultura

El crecimiento de los fertilizantes orgánicos también refleja un cambio en la forma de entender la producción agropecuaria. Residuos que antes representaban un costo de disposición hoy vuelven al sistema productivo convertidos en insumos agrícolas, reduciendo desperdicios y generando nuevas oportunidades dentro de la cadena agroalimentaria.

Además de aportar nutrientes, estos productos contribuyen a recuperar áreas degradadas y disminuir la presión sobre recursos no renovables utilizados para fabricar fertilizantes convencionales. Según la información difundida, la tecnología ya fue utilizada en más de 200 hectáreas de suelos que presentaban distintos niveles de degradación.

El interés por este tipo de soluciones continúa creciendo a medida que los productores buscan sistemas más eficientes y menos expuestos a las fluctuaciones del mercado internacional. En paralelo, el desarrollo de investigaciones junto con instituciones académicas apunta a ampliar las aplicaciones agronómicas de estos bioinsumos y consolidar una oferta adaptada a las necesidades de la agricultura peruana.

Con más de 2,5 millones de sacos comercializados desde el inicio del proyecto, la experiencia muestra cómo la integración entre la producción avícola y la agricultura puede transformarse en una herramienta para impulsar la productividad, mejorar la salud de los suelos y fortalecer la sostenibilidad del sector agropecuario.

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