El método que logró retener hasta 70% más agua en los campos europeos
Una revisión de 45 estudios científicos mostró mejoras en retención de agua, reducción de la erosión y mayor actividad biológica gracias a técnicas regenerativas.
Los agricultores europeos están recurriendo cada vez más a cultivos de cobertura y técnicas de mulching o acolchado para recuperar la salud de los suelos y fortalecer la resiliencia de sus sistemas productivos. Una revisión científica que analizó 45 estudios realizados en distintos países concluyó que estas prácticas pueden aumentar significativamente la retención de humedad, reducir la erosión y estimular la actividad biológica, factores considerados esenciales para la productividad agrícola a largo plazo.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Sustainable Food Systems por especialistas de la Universidad Educons, en Serbia, evaluó más de una década de experiencias en cultivos permanentes y extensivos, incluyendo viñedos, almendros, cacao, maíz y algodón.
Más agua, menos erosión y mayor estabilidad productiva
Uno de los resultados más relevantes del análisis fue la mejora de la capacidad del suelo para almacenar agua. Los ensayos evaluados registraron incrementos de entre 50% y 70% en la humedad del suelo, mientras que las pérdidas por erosión se redujeron hasta en 53%.
Los investigadores observaron que los cultivos de cobertura favorecen la infiltración del agua mediante sistemas radiculares más profundos, mientras que el acolchado superficial ayuda a conservar la humedad, proteger el suelo de la radiación solar directa y reducir las fluctuaciones térmicas.
Después de diez años de aplicación continua, muchos de los sistemas analizados mostraron mejoras sostenidas en la estructura física del suelo, con mayor estabilidad de agregados y mejor porosidad. Esto permite una utilización más eficiente del agua y de los nutrientes por parte de las plantas, especialmente durante períodos de sequía o altas temperaturas.
La relevancia de estos resultados es cada vez mayor en Europa, donde los eventos climáticos extremos asociados al cambio climático están incrementando la presión sobre los sistemas agrícolas.
El papel de la materia orgánica y la vida del suelo
El estudio también identificó avances significativos en los indicadores biológicos y químicos. El contenido de carbono orgánico aumentó entre un 11% y un 16% tras una década de manejo regenerativo, contribuyendo tanto a la fertilidad del suelo como a la captura de carbono atmosférico.
Los autores destacan que la materia orgánica actúa como uno de los principales motores de la productividad agrícola, ya que mejora la disponibilidad de nutrientes, favorece la actividad microbiana y fortalece la estructura del suelo.
La revisión mostró además que la biomasa microbiana creció hasta un 29%, acompañada por una mayor diversidad de microorganismos. Este proceso acelera el reciclaje natural de nutrientes y mejora la capacidad del agroecosistema para responder a plagas, enfermedades y condiciones ambientales adversas.
Otro hallazgo relevante fue la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al manejo agrícola. La combinación de cultivos de cobertura, compost y menor intensidad de labranza contribuyó a disminuir las emisiones de dióxido de carbono y óxido nitroso, dos de los principales gases vinculados al calentamiento global.
Los investigadores advierten que los beneficios no siempre aparecen de manera inmediata y que la respuesta puede variar según el clima, el tipo de suelo y el sistema productivo. Sin embargo, coinciden en que la integración de cultivos de cobertura, mulching, menor labranza e incluso ganadería integrada ofrece una de las estrategias más prometedoras para restaurar la fertilidad de los suelos agrícolas.
Los resultados aportan evidencia sobre el papel que la agricultura regenerativa puede desempeñar en la transición hacia sistemas productivos más eficientes y sostenibles. En un escenario de creciente presión sobre los recursos naturales, la recuperación de la salud del suelo aparece como una de las herramientas más valiosas para garantizar la producción de alimentos en las próximas décadas.

