El arancel de EE.UU. golpea al tomate mexicano y amenaza miles de hectáreas
Baja California Sur prevé reducir a la mitad la siembra de tomate por la pérdida de competitividad frente al mercado estadounidense.
Baja California Sur enfrenta una fuerte caída en la siembra de tomate para el próximo ciclo agrícola, luego de la ratificación de un arancel de 17,09% aplicado por Estados Unidos al producto mexicano. La medida, advertida por la Secretaría de Pesca, Acuacultura y Desarrollo Agropecuario, podría reducir de 3.000 a 1.500 hectáreas la superficie destinada al cultivo, con impacto directo sobre productores, jornaleros, empaques y empresas exportadoras.
El titular de la Sepada, José Alfredo Bermúdez Beltrán, alertó que la decisión comercial deja al tomate sudcaliforniano en una posición mucho más difícil frente al mercado norteamericano, principal destino de buena parte de la oferta hortícola mexicana. El problema no pasa solo por vender menos, sino por sostener una actividad intensiva en empleo, inversión, riego, tecnología y logística.
La reducción prevista implica un golpe de magnitud para una zona agrícola que depende de cultivos de alto valor y de ventanas comerciales muy ajustadas. Con la mitad de la superficie fuera de producción, también se achica la demanda de mano de obra rural, transporte, insumos, servicios de empaque y operaciones de exportación.
Un cultivo clave queda atrapado entre costos y aranceles
El tomate es uno de los productos hortícolas más sensibles a los cambios comerciales entre México y Estados Unidos. Cuando aparece un arancel de este nivel, el margen del productor se reduce y la fruta pierde competitividad frente a otros proveedores o frente a producción interna estadounidense.
En Baja California Sur, la advertencia oficial apunta a una caída del 50% en la superficie sembrada. De las 3.000 hectáreas que habitualmente se destinan al tomate, el estado proyecta sembrar solo 1.500 hectáreas. Para los productores, la decisión responde a una ecuación simple y dura: producir más caro para vender en un mercado que ahora descuenta una parte mayor del valor final.
El impacto también alcanza a los jornaleros agrícolas. La menor superficie implica menos labores de campo, menos cosecha y menor actividad en las zonas productoras. En una economía regional donde el agro funciona como motor de empleo temporal y permanente, cada hectárea que deja de sembrarse reduce el movimiento de toda la cadena.
La presión llega en un momento delicado para el sector primario sudcaliforniano. Además del frente comercial, los productores enfrentan daños climáticos severos por la falta de "horas frío" durante el ciclo otoño-invierno, una condición necesaria para el buen desarrollo de varios cultivos.
Esa alteración climática provocó pérdidas superiores al 50% en granos básicos y afectó con fuerza a los frutales. En la delegación de Santiago, dentro del municipio de Los Cabos, la producción de mango cayó de un volumen regular cercano a 10.000 toneladas a una estimación de apenas 3.500 toneladas para este año.
La combinación de aranceles, menor rentabilidad y daños climáticos deja al campo sudcaliforniano ante una de sus campañas más difíciles de los últimos años. No se trata de un problema aislado de un cultivo, sino de una cadena agroalimentaria que enfrenta menos ingresos, menor capacidad de inversión y mayor riesgo financiero.
El rescate financiero busca contener a productores endeudados
Ante este panorama, el gobierno estatal anunció un esquema de apoyo vinculado al programa de liquidación de la cartera vencida de la desaparecida Financiera Nacional. La herramienta busca aliviar la situación de productores que llegaron a esta campaña con deudas acumuladas y menor capacidad para financiar nuevos ciclos productivos.
El decreto federal estará vigente hasta el 31 de agosto y contempla la liberación total del adeudo para mujeres con compromisos financieros de hasta 340.000 pesos de capital contable. En el caso de los hombres, el beneficio aplica para pasivos de hasta 240.000 pesos.
La medida apunta a evitar que productores descapitalizados queden fuera de la actividad. En cultivos como tomate, mango o granos básicos, la falta de financiamiento puede definir si una unidad productiva vuelve a sembrar o abandona temporalmente el ciclo agrícola.
El desafío para Baja California Sur será sostener su estructura productiva mientras se resuelve la disputa comercial por el tomate mexicano. Sin una mejora en las condiciones de acceso al mercado estadounidense, muchos agricultores podrían optar por reducir superficie, cambiar de cultivo o postergar inversiones.
Para el agro regional, el riesgo mayor es que la caída del tomate no sea solo un ajuste de una campaña, sino el inicio de una pérdida de capacidad productiva. Cuando se siembra menos, también se debilita la red de empleo, servicios, proveedores y exportadores que sostiene al campo.
El caso sudcaliforniano refleja la fragilidad de las economías agrícolas que dependen de mercados externos y de condiciones climáticas cada vez más variables. La producción puede tener calidad, experiencia exportadora y demanda, pero un cambio arancelario alcanza para modificar toda la planificación de una temporada.

