Ni más agua alcanza: los altos costos frenan la siembra de hortalizas en México
Productores de Guasave anticipan una reducción en la superficie destinada a hortalizas para el ciclo 2026-2027. El aumento de los costos y la incertidumbre comercial condicionan las decisiones de siembra.
Mientras concluyen los preparativos para el ciclo agrícola 2026-2027, los productores de Guasave, en el estado mexicano de Sinaloa, comienzan a proyectar una reducción en la superficie destinada a hortalizas. El incremento de los costos de producción, las pérdidas acumuladas en campañas anteriores y la incertidumbre sobre el comercio con Estados Unidos están modificando las decisiones de inversión en una de las regiones hortícolas más importantes del país.
Aunque la campaña 2025-2026 finalizó entre mayo y junio, los trabajos de limpieza de lotes y preparación de los terrenos ya están en marcha. Si las lluvias evolucionan según lo previsto, durante agosto comenzará la producción de plántulas en invernaderos y semilleros, mientras que los trasplantes se concentrarán entre septiembre y noviembre.
Sin embargo, el entusiasmo que suele acompañar el inicio de una nueva temporada se encuentra condicionado por un escenario económico mucho más exigente. Los productores reconocen que cada nueva siembra requiere inversiones significativamente superiores a las de años anteriores, lo que obliga a replantear la superficie que estarán dispuestos a cultivar.
Las primeras proyecciones indican que la reducción no se limitaría al tomate, sino que también alcanzaría otros cultivos tradicionales de la región, mientras que solo el sorgo y el garbanzo muestran, por ahora, mejores perspectivas.
La disponibilidad de agua ya no es el principal problema del campo
A diferencia de campañas anteriores, el acceso al agua dejó de ser la principal preocupación para los agricultores. Las presas de la región presentan mejores niveles que hace un año y existe suficiente disponibilidad de tierras para desarrollar la nueva campaña.
No obstante, ese escenario favorable quedó opacado por el fuerte incremento de los costos asociados a la producción. Insumos, labores agrícolas, financiamiento y gastos operativos elevan el capital necesario para iniciar cada hectárea sembrada, reduciendo el margen de rentabilidad y aumentando el riesgo para los productores.
Las estimaciones preliminares muestran que la intención de siembra de tomate en todo Sinaloa rondaría las 4.000 hectáreas, una superficie considerada baja para uno de los principales estados productores de hortalizas de México. Aunque las cifras aún no son definitivas, reflejan la cautela con la que el sector enfrenta el próximo ciclo.
El clima y los mercados marcarán las decisiones finales
Además de los desafíos económicos, el comportamiento climático será otro factor determinante. Durante el invierno pasado, las temperaturas superiores a lo habitual afectaron el desarrollo de distintos cultivos, generando nuevas dudas sobre el desempeño productivo de la próxima campaña.
A ello se suma la incertidumbre que todavía persiste en torno al comercio agrícola con Estados Unidos, principal destino de buena parte de las hortalizas mexicanas. La evolución de ese mercado será seguida de cerca por los productores antes de confirmar sus planes de siembra.
Pese al escenario de prudencia, el sector mantiene la expectativa de que un buen régimen de lluvias, condiciones climáticas más favorables y una recuperación de los mercados permitan mejorar las perspectivas del ciclo 2026-2027. Mientras tanto, las decisiones de inversión continúan marcadas por la necesidad de reducir riesgos en un contexto donde la rentabilidad vuelve a ser la principal preocupación del campo mexicano.

