México prueba un nuevo modelo para producir maíz con menos químicos y más ciencia
Michoacán liderará un plan nacional que utiliza microorganismos y bioinsumos para mejorar el cultivo de maíz y apoyar a miles de productores.
Michoacán fue elegido para liderar el programa piloto nacional de producción sustentable de maíz en México, una iniciativa que combina investigación científica, bioinsumos y microorganismos benéficos para mejorar la agricultura y acompañar a miles de productores en la transición hacia sistemas más ecológicos.
El proyecto será impulsado a partir del trabajo desarrollado desde 2021 por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) estatal mediante el programa Agrosano, una estrategia orientada a reducir la dependencia de insumos convencionales y promover alternativas basadas en recursos biológicos.
La elección de Michoacán responde a los avances logrados en investigación, infraestructura y trabajo con comunidades agrícolas. Actualmente, la iniciativa beneficia a más de 22.000 familias productoras, principalmente vinculadas al cultivo de maíz, uno de los alimentos de mayor importancia social y económica para México.
Microorganismos nativos para una nueva agricultura del maíz
Uno de los principales avances del programa fue la creación de un cepario de microorganismos nativos obtenidos directamente de zonas productoras de maíz. Este trabajo permitió identificar recursos biológicos propios de los suelos agrícolas mexicanos con potencial para mejorar los cultivos.
El proceso fue desarrollado junto a instituciones científicas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias y centros especializados en innovación ambiental.
A través de esta investigación se logró aislar, purificar y conservar más de un centenar de microorganismos provenientes de parcelas de maíz nativo ubicadas en regiones como la Meseta Purépecha, el Bajío y Tierra Caliente.
Los especialistas seleccionaron las cepas con mejores características para la elaboración de biofertilizantes y agentes de control biológico, herramientas que buscan fortalecer los cultivos y disminuir la presión generada por algunas prácticas agrícolas tradicionales.
Los bioinsumos elaborados con microorganismos pueden contribuir a mejorar la actividad del suelo, favorecer la nutrición vegetal y apoyar una producción más eficiente, especialmente para pequeños agricultores que buscan reducir costos.
Biofábricas comunitarias acercan la innovación al campo
Para que la tecnología llegue directamente a los productores, Michoacán comenzó a fortalecer una red de biofábricas locales encargadas de multiplicar y distribuir estos desarrollos en distintas regiones agrícolas.
Las primeras cepas madre fueron entregadas a espacios comunitarios ubicados en Cherán, San Juan Nuevo Parangaricutiro, Tupátaro, Jiménez, Apatzingán y Nueva Italia, con el objetivo de generar producción local de bioinsumos.
Además, la UNAM tendrá bajo resguardo un banco certificado de cepas para garantizar la conservación de estos microorganismos y permitir futuras investigaciones relacionadas con agricultura sustentable.
El modelo busca unir conocimiento científico con experiencia agrícola tradicional. En lugar de depender únicamente de tecnologías externas, la propuesta aprovecha microorganismos presentes en los propios territorios productores.
Para México, el avance representa un paso importante en un cultivo estratégico. El maíz no solo sostiene una parte fundamental de la alimentación nacional, sino que también es la base económica de miles de comunidades rurales.
La expansión del programa permitirá evaluar cómo estas herramientas pueden mejorar la productividad, reducir costos y fortalecer la capacidad de adaptación de los agricultores frente a los desafíos climáticos y productivos.
Con esta iniciativa, Michoacán se convierte en el primer laboratorio a gran escala de una estrategia que podría extenderse a otras regiones agrícolas del país y marcar una nueva etapa en la producción sustentable del maíz mexicano.

