México apuesta por un nuevo arroz para producir más, resistir el clima y reducir pérdidas
El Gobierno y el CIMMYT impulsan el desarrollo de nuevas variedades de arroz adaptadas al cambio climático y con mayor potencial productivo para fortalecer la seguridad alimentaria.
México dio un nuevo impulso a su programa de mejoramiento genético del arroz con la incorporación de 123 líneas experimentales que servirán como base para desarrollar variedades más productivas, resistentes a enfermedades y adaptadas a las condiciones climáticas del país. La iniciativa, liderada por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), busca fortalecer la competitividad del cultivo y reducir la dependencia de las importaciones.
La entrega formal del material genético representa un paso estratégico para la investigación agrícola mexicana. A partir de estas líneas, los especialistas iniciarán un proceso de evaluación y selección que permitirá identificar los materiales con mejor comportamiento agronómico en distintas regiones productoras.
El director general interino del INIFAP, Alejandro Espinosa Calderón, explicó que el objetivo es obtener variedades capaces de ofrecer mayores rendimientos y una mejor respuesta frente al cambio climático y a las principales enfermedades que afectan al cultivo.
Actualmente, México produce alrededor de 250.000 toneladas de arroz al año, una cifra insuficiente para abastecer el consumo nacional. Como consecuencia, más del 70% del arroz consumido en el país proviene de importaciones, principalmente desde Estados Unidos y otros mercados, por lo que incrementar la productividad local es una prioridad para la política agroalimentaria.
La ciencia busca un arroz más competitivo para los productores
Las 123 líneas incorporadas al programa provienen de un proceso de evaluación de materiales desarrollados en Asia, una de las regiones con mayor experiencia en investigación arrocera.
El trabajo conjunto entre el INIFAP y el CIMMYT permitirá adaptar ese material genético a las condiciones agroecológicas mexicanas, combinando la experiencia internacional con el conocimiento de los sistemas productivos nacionales.
Los investigadores analizarán aspectos como potencial de rendimiento, tolerancia a enfermedades, adaptación a diferentes ambientes y estabilidad productiva, características consideradas esenciales para enfrentar los efectos del cambio climático y mejorar la rentabilidad del cultivo.
La directora de Ciencia e Innovación del CIMMYT, Sarah Hearne, destacó que la cooperación entre ambas instituciones permitirá transformar los avances científicos en tecnologías disponibles para los agricultores, acelerando la llegada de nuevas variedades al campo mexicano.
Reducir la dependencia externa, uno de los grandes desafíos
El fortalecimiento del programa de mejoramiento genético forma parte de una estrategia más amplia para aumentar la producción nacional de alimentos y reforzar la seguridad alimentaria.
Además del desarrollo de nuevas variedades, el acuerdo establece las bases para la firma de un convenio institucional que ampliará la cooperación científica entre el INIFAP y el CIMMYT durante 2026, facilitando nuevos proyectos de investigación e innovación agrícola.
Para el Gobierno mexicano, contar con semillas de mayor rendimiento permitirá elevar la competitividad del sector arrocero, mejorar los ingresos de los productores y reducir progresivamente la dependencia de las importaciones, especialmente en un contexto donde el cambio climático exige cultivos cada vez más resilientes.
Si los materiales actualmente en evaluación confirman su potencial en los ensayos de campo, México podría incorporar en los próximos años una nueva generación de variedades de arroz capaces de producir más con menores riesgos sanitarios y climáticos, un avance que fortalecería la oferta nacional de uno de los cereales básicos para la alimentación de millones de personas.

